Buscando combatir el aburrimiento que podría invadirnos en algún momento durante las DOCE horas de vuelo que separaban Zurich de São Paulo, le propuse a Lucre mientras aún esperábamos en Austria a nuestro primer embarque una actividad dividida en dos partes: la primera, llevar a cabo una escucha activa; y la segunda, improvisar un coloquio al respecto. "¿Una escucha activa DE QUÉ?" os estaréis preguntando con impaciencia. Pues bien, de algo bastante inusual, habida cuenta del gusto musical que profesamos ambos y de lo cabrón que siempre he sido: del álbum (que por aquel entonces acababa de salir al mercado) The Life of a Showgirl. Sí, el de Taylor Swift.
Ya os dije la semana pasada que hoy tocaría hablar de música y chucherías. Pues bien, aquí tenéis la música.
Lucre, que lo más suave que escucha habitualmente son los temas de Linkin Park en los que el cantante parece estar de más mala hostia, reaccionó a mi sugerencia como si le estuviese pidiendo que secuestrásemos el avión para estrellarlo en mitad del océano. Pero enseguida vio que no estaba de broma. No sólo eso, la muy noble se tragó las doce pistas del disco de la Swift al poco del despegue, así que cuando aterrizamos en Zúrich ella ya había hecho los deberes.
¿Cumplí yo entonces con mi parte del trato? Por supuesto que no. Por algún que otro motivo, no me puse con ninguno de aquellos temas ni durante el vuelo, ni durante el resto de la estancia en Argentina, por lo que no llegó a producirse el deseado coloquio en el que intuía que pondríamos a caer de un burro a la cantante de Pensilvania.
Una vez de vuelta en Austria, invadido por el resquemor que me causaba el deber incumplido, decidí que esto no se podía quedar así. Y aunque ya era tarde para debates, terminé por escuchar el disco yo también.
Y aquí viene el girito.
Me gusta. No digo que me haya roto los esquemas o que sea un trabajo que haya marcado un antes y un después en mi vida, pero tiene material bastante decente y me lo he puesto ya tres o cuatro veces. No puedo decir que conecte con sus letras como cada integrante de su yihad swiftie pero entiendo el hype al respecto. De la misma forma que entiendo que haya tanta crítica hacia su música y tanto meme cachondeándose, aún a pesar del éxito arrollador que ha cosechado durante los últimos años.
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fuente: facebook Uno de mis favoritos es el que combina platos como éste y una frase que reza algo en plan "la música de Taylor Swift si fuese comida" |
Le pese a quien le pese, la de Taylor Swift es la historia de Los Beatles cincuenta años después, que buena mierda a nivel de crítica se tuvieron que tragar los de Liverpool cuando sacaron el Sgt. Pepper o el Magical Mystery Tour (y no me quiero ni imaginar la que les habría caído si en los sesenta hubiesen existido las redes sociales), aunque ahora quien quede vivo de aquella época se atreva a negarlo.
En fin, no quiero irme por las ramas más de lo habitual o pretender ser el experto en música que para nada soy. Lo que yo quería hacer hoy es, ya que perdí la ocasión de darme la turra con Lucre con respecto al The Life of a Showgirl, dárosla a vosotros. Y como me parece injusto hablar de este tema sin más, considerando que yo he venido aquí este verano a relataros mi viaje a Argentina, voy a comparar cada canción con una de las muchas chucherías que probé allí ("música y chucherías". Os lo dije).
Por cierto, los argentinos llaman "chucherías" a lo que en España llamamos "baratijas". Qué loco mundo.
The Fate of Ophelia
La canción que abre el disco es también la más conocida, y le sube a uno el ánimo en dos fases: primero con el ritmo alegre animado que la caracteriza y después cuando llega al estribillo. Ésta en particular la he escuchado decenas de veces porque todo el mundo la ha usado en reels y stories que me tragaba a diario hasta que salí corriendo de Internet a principios de este año.
The Fate of Ophelia es claramente un alfajor: están por todas partes y los hay de tantas clases que perdí la cuenta de las variedades que probé: desde los que vendían en lotes de seis en los establecimientos Havana hasta el que me compré en una gasolinera de camino a Buenos Aires. Había incluso un ejemplar que se anunciaba como ideal para la gusa que entra después de fumarse un porro. Os lo juro.
Y en cuanto al sabor, pues igual que la canción, oye. Cobertura de chocolate (bien) y un interior de galleta con centro de dulce de leche (mejor).
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| Éste no lo compré. Es casero y lo preparó Lucre |
Elizabeth Taylor
Ésta me gusta en el apartado instrumental porque a mí me das ritmos electrónicos con un bajo ligeramente funky que desembocan en orquesta con un romper que tiene aires de banda sonora de la serie Arcane y me conquistas. Y además, no me esperaba todo esto.
Por lo dicho me recuerda a la barrita de bon o bon que compré porque estaba MUY de oferta (creo que al cambio salía como a 30 céntimos) y junto a la línea de cajas en la que aguardábamos nuestro turno había un cubo enorme lleno de ellas. Mi plan era regalársela a alguien quedando como un detallista que se trae cosas desde el otro lado del mundo cuando en realidad me han costado una miseria, pero me la acabé comiendo yo y no me arrepiento de mi decisión.
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| "Sos un montón" |
Opalite
Otro tema bonito. Upbeat con acordes en el estribillo que le tocan uno la fibra. De esas canciones que te hacen sacudir la cabeza ligeramente si la escuchas en el gimnasio entre dos series mientras entonas la letra sin importarte lo que pueda pensar la gente a tu alrededor (¿algún problema?). Y además tiene esa especie de crescendo al final que la remata muy bien.
Considerando lo que acabo de decir, creo que Opalite es el bon o bon tentación. Una tableta de chocolate rellena de más chocolate y más chocolate y cacahuete si es que quedan huecos en la misma de la que disfruté largo y tendido porque, o bien no calculé lo grande que era, o fui capaz de dosificarme ante algo dulce por primera vez en mi vida.
Father figure
Sintetizadores. Ya hemos establecido que eso es bien. Y la buena presencia del puente, junto con ese etéreo final, puntúa doble. El problema es que tiene la letra que tiene, chico. Y se me hace empalagosa.
Empalagosa como empalagosos me acabaron resultando los sugus. Que yo los compré ilusionadísimo porque tenían sabores que no había probado nunca (de hecho, pillé unos pocos para una amiga al igual que hice cuando estuve en Tailandia) pero, pasada la ilusión del descubrimiento inicial, toca tirarse el resto de la tarde despegándose restos de las muelas cual chiquillo sueco.
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| Ácidos, confitados, de sandía, de tutti frutti, de arándanos... ¿Me he muerto y estoy en el cielo? |
Eldest Daughter
Cuando escuché los primeros acordes de esta canción pensé "tengo que aprender a tocarla al piano". ¿Lo he conseguido? Por supuesto que no, pero ése no es el tema. Debido a que no quiero hablar mal de Eldest daughter, voy a pasar por alto la letra y a centrarme sólo en la música, que tiene una textura suave, acolchada. Hasta el subidón del puente se siente como acelerar un coche automático.
Por ello este tema es para mí una medialuna. Que el ojo inexperto puede decir "vamos, lo que viene siendo un cruasán", pero no, no, no, no. Las medialunas tienen una esponjosidad, coronada por una dulce cobertura, que se mea en cualquier cruasán que hayáis podido comer jamás de este lado del Atlántico.
Ruin the Friendship
Buena línea de bajo y percusión. Atendiendo a cómo empieza, podría colarse en la playlist de éxitos sesenteros y setenteros que escucho cuando salgo a patinar las tardes de verano. Una lástima que la letra trate sobre amor adolescente, porque yo ante algo así, a mi edad, sólo puedo poner los ojos en blanco con gesto de desaprobación y decir "PARFAVAR, no me marees". Sí, aunque guste de salir a patinar las tardes de verano (¿algún problema?).
Así que Ruin de Friendship es un mantecol: Lucre y su hermana me lo plantearon como EL DULCE y a pesar de tan altas expectativas acabó siendo una especie de turrón de yema con consistencia más dura que su primo lejano español que acababa empalagando un poco.
Actually Romantic
Considero que tiene buen beat, aunque me deja algo así como frío de principio a fin. Y eso que al final lo intenta con más fuerza, pero no. Vamos, que le falta algo.
Teniendo esto en cuenta, yo aquí veo unos formis o unas tortitas black. Sí, son galletas con chocolate y oreos wannabe, pero es que llevo toda la vida comiendo algo así y a estas alturas lo único que consiguen es quitarme el hambre de una forma poco sana.
Wi$h Li$t
El toque synth pop y ese la menor 7 del segundo verso son un touché en toda regla. Y con este precedente, la canción promete pero siento que, una vez más, no llega a donde pretende y se queda en un quieroynopuedo. ¿Y eso de "rial madrit" que la cantante suelta en cierto punto? PARFAVAR y van dos.
¿El dulce en esta ocasión? Pues el bon o bon surtido. Que no está mal, pero es que a mí su relleno no me llegó a entusiasmar porque, aunque el cacahuete sí que me gusta (a Opalite me remito) la crema de cacahuete no es lo mío. De hecho, compré este dulce con la idea de dárselo a mi novia, pero en la caja entraban la hostia de bonobones y acabárselos se convirtió en tarea de equipo.
Wood
Se agradece la vuelta a un ritmo más alegre, y tanto la música como la parte vocal tienen para mí varias capas. Es una canción que capta mi atención como pocas en el álbum y hace que me deje llevar por sus diferentes texturas. Y tiene un puntito de intro de serie de los noventa que termina de ganarme. La disfruto de principio a fin con sorpresas y todo.
Wood es un churro. No, no, esperad. Eso significa algo bueno. Resulta que los churros en Argentina (sorpresa para mí entonces y sorpresa para vosotros ahora) están rellenos de crema. De crema de incontables sabores: chocolate, nutella, fresa (allí a la fresa la llaman "frutilla" y nunca llegué a acostumbrarme), menta, dulce de leche (por supuesto) y decenas de variedades más que no quiero reproducir aquí porque si entramos en el campo de los rellenos salados podemos acabar descendiendo a los infiernos del sabor. Y los que yo pude comer en dos ocasiones (una a la puerta de una churrería y otra sentado en la playa mientras contaba olas y me olvidaba de mis problemas) me encantaron.
CANCELLED!
Ese nombre me precondiciona y doy por sentado que no me va a gustar, pero tiene un ritmo fuertecillo con ratos de intensidad. Al igual que Elizabeth Taylor, es una margarina de BSO de Arcane, y lo celebro. Supongo que, de la misma forma que no se puede juzgar un libro por su portada, lo mismo aplica a una canción y su título.
A este tema le pegan las palomitas de maíz, o como lo llaman en Argentina, pochoclos. Porque yo iba con la idea de meterme una bolsa de las saladas de toda la vida pero resultaron ser dulces (y mucho mejores). El puesto ambulante donde las compramos estaba al pie de la catedral de Mar del Plata:
Honey
Una canción que parece básica pero que tiene toques de piano, wurlitzer y clarinete de lo más interesante que la acaban salvando. Y el final también está bastante bien, con algo de crescendo de los que a mí me gustan. Cuando termina, uno piensa "pues me he quedado bien, oye".
Y bien me quedé cuando probé los havannets. Bueno, mejor dicho, EL havannet. Porque se me antojaron y pregunté a la familia de Lucre que si alguien más quería y con razón quisieron todos.
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Esta caja, por cierto, se volvió conmigo a Austria llena de las plantas y semillas de las que ya os hablé |
The Life of a Showgirl
El final del disco será apoteósico, ¿no? Y más aún cuando el tema lleva el nombre del mismo, ¿no? Pues... No. Será el haberme enfrentado a esta canción con expectativas muy altas o que ya es tarde y ya tengo empacho gastroauditivo, pero es que ni me va ni me viene. Ni su música, ni su letra, ni el que Sabrina Carpenter le ponga una segunda voz. Qué bajona, oye.
Y ¿qué dulce argentino considero que se ajusta mejor a este cierre? Sin duda alguna el condimento para empanadas.
No. No voy a dar explicaciones al respecto. De hecho, llegado este punto, creo que puedo dar la entrada por terminada. Y si os habéis quedado con ganas de más música, ya os podéis ir preparando para la que se viene.



























