Debido a que la serie de entradas sobre mi viaje a Argentina ha ocupado todas las semanas del verano que nos deja, llego tarde y mal a conmemorar un evento que tuvo lugar el pasado agosto. Resulta que este blog ha cumplido, atención, diez añazos.
Si os digo la verdad, yo soy el primero que no se lo cree. Y es que, cuando decidí allá por dos mil dieciséis que debía recoger por escrito las chorradas que me rondaban la cabeza durante los cuarenta y cinco minutos que me tiraba cada día caminando hacia la oficina, no imaginaba que fuese a mantener el ejercicio pasada una década. Y sin embargo aquí estoy. Celebrándolo.
Aunque, por otra parte, la efeméride me ha puteado un poco, ya que sacar de la nada una parrafada conmemorativa de longitud decente no me ha resultado nada fácil, lo que me ha obligado a pasar más horas de las que me gustaría reconocer pensando en cómo rellenar el hueco que le queda a este post.
No he querido tirar por lo lacrimógeno (más que nada porque ya gasté ese comodín hace cinco años), y como me da una pereza espantosa lo de echar la vista atrás y ponerme a rajar sobre todo lo que ha cambiado en estos diez años y cómo estaban las cosas antes y cómo están ahora y bla, bla, bla, al final he optado por huir en dirección contraria: si no quiero hablar del pasado, hablaré del futuro. Para ello, me voy a meter en el jardín de la contradicción. Permitidme que me explique.
Quienes me conocen bien saben de la tirria que le tengo al mundo del oráculo y sus seguidores: considero que todo aquel embaucador que se lucra echando cartas o leyendo líneas de la mano o similar debería estar en la cárcel, y que la creencia en el horóscopo debería ser motivo suficiente para suspender cualquier examen psicotécnico (este tema ya lo abordé con más detalle tiempo atrás, por cierto). Por otra parte, quienes me conocen aún mejor son conscientes de que no se me da nada mal representar el papel del susodicho embaucador al que he mandado a prisión al principio del párrafo (de esto también hablé en su día. ¿Qué queréis? Diez años de entradas dan para mucho).
Y ¿qué es lo que pretendo decir con esto? Pues que le voy a leer las cartas a la década que se viene porque soy así de sinvergüenza. Para llevar a cabo la brujeril tarea voy a hacer uso del Tarot del Romero, que es esta baraja tan chula diseñada por Asís Percales:
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| Sí, la muerte lleva brackets. Es parte de la magia |
Y si esperáis una explicación acerca de cómo semejante objeto ha caído en manos... No os la voy a dar.
Teniendo en cuenta lo de que el blog cumple diez años y que estoy inventándome mierdas haciendo predicciones a diez años vista sobre el ser humano y el planeta, lo suyo sería recurrir a una tirada que constase de diez cartas exactamente y que se centrase en dichos temas, ¿no? Pues bien, NO OS LO VAIS A CREER. Tal tirada existe, y es conocida como la tirada de las cinco cruces. Sé que es la primera vez que oís hablar de ella, pero eso es porque os falta cultura tarotera, no porque me la haya inventado hace un momento.
Como su nombre indica, esta tirada cuenta con cinco cruces, cada una a su vez formada por una carta en vertical y otra atravesada en horizontal. Esperad, que os enseño la foto y así acabamos antes:
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| Y se necesita una mesa MUY larga |
Cada cruz representa un concepto en particular, siendo la carta vertical la que hace referencia al concepto en sí, y la que la cruza en horizontal la dedicada a cómo el ser humano interactúa con él. Además, las cruces están dispuestas en una columna, ya que cada uno de estos conceptos tiene un alcance más amplio que el anterior.
¿Farragoso? Sí. Pero veréis cómo todo cobra sentido en cuanto os dé las explicaciones pertinentes.
La primera cruz, situada en el límite inferior, es la cruz del ser humano. Su carta vertical nos habla de la propia humanidad y de la vida humana, mientras que la horizontal de cómo la humanidad se relaciona consigo misma. O lo que es lo mismo: el cuidado de la salud, la sanidad.
Justo encima se encuentra la cruz de la casa. La carta vertical es la relativa a las posesiones de una persona; y la horizontal nos habla de la gestión que se hace al respecto. Vamos, de la economía.
La tercera es la cruz de la aldea. Por ello, la carta vertical es aquella relativa a la sociedad, y la horizontal al arte de gobernarla: la política.
En cuarto lugar se encuentra la cruz del mundo, y mientras que la carta vertical hace referencia a esa pelota que flota en el universo y sobre la que miles de millones de individuos nacen, crecen, se joden y mueren, la horizontal trata sobre aquello que dichos individuos hacen con los elementos que forman la pelota. Me estoy refiriendo a la tecnología.
Por último, y en lo más alto de nuestra columna de cruces se encuentra la cruz del cielo, cuyas cartas vertical y horizontal se asocian, respectivamente, con todo aquello que ocurre sobre nuestras cabezas (el medio ambiente y el clima) y el empeño que nosotros ponemos en cuidarlo o destrozarlo (la ecología).
Ha quedado claro, ¿no? Ahora me gustaría poder responder a la pregunta que os estáis haciendo todos, pero yo tampoco sé de qué rincón de mi cerebro sale esta clase de chorradas. En fin, descubramos las cartas y veamos qué más se me ocurre.
Empezamos con la carta relativa al ser humano...
...y empezamos mal, pues sale el tres de bastos, con ese muchacho hecho un ovillo en primer plano. Un individuo aislado en un sistema de individuos aislados, estresados, nerviosos y tristes por culpa de todos esos problemas que el capitalismo causa y a la vez es incapaz de resolver (vamos, que a los psicólogos no les va a faltar trabajo). Destacando entre todos ellos una cada vez más grave crisis de la vivienda reflejada en esos tres palos mal apilados que apenas dan cobijo al pobre chaval. Me huelo una burburja inmobiliaria 2.0.
¿Qué decir ahora sobre el cuidado de la salud?
Aquí tengo buenas noticias para contrarrestar un primer vaticinio tan horrible. Ha salido el emperador, que representa poder, dominación. Ya, pero dominación ¿sobre qué? Pues habida cuenta de que en la carta hay un cangrejo, la referencia es clara: en los próximos diez años veremos cómo se desarrolla una cura efectiva de un tipo de cáncer (no me preguntéis de cuál en particular, que no quiero mojarme tanto). Pero si hasta el emperador lleva una bata blanca y el cangrejo está llorando. Yo no sé qué más señas queréis.
A continuación, la casa. ¿Qué nos depara el futuro con respecto a aquello que poseemos?
La torre. Una torre altísima y orgullosa erigida entre todos durante los últimos meses ladrillo a ladrillo. ¿Aquella vez que le preguntasteis a ChatGPT cuánto es 6 + 7? Un ladrillo. ¿El flyer que os dieron ayer por la calle en el que aparece un gatito con cinco patas? Otro ladrillo. ¿Ese vídeo horrible protagonizado por personajes de cuadros que cobran vida compartido por vuestro tío en un estado de Whatsapp? Otro más.
Una torre condenada a venirse abajo, que ya veréis cuánto nos vamos a divertir cuando la burbuja de la IA explote, demoliendo así la puñetera torre y arrastrando a todos los que, incluso sin haberlo querido, estamos dentro de ella.
Y ¿cómo nos vamos a portar al respecto? Descubramos la siguiente carta.
El cinco de oros. Cinco monedas y seis lágrimas porque va a tocar sufrir de más para poder recuperarnos del susto. Y es que ya se sabe cómo se capean las crisis del capitalismo (por cierto, ¿cuántas nos hemos comido ya en los últimos años? Porque yo he perdido la cuenta): vendrán recortes en servicios esenciales, el estado del bienestar se irá un poquito más a la mierda y las grandes empresas y grandes fortunas seguirán siendo grandes empresas y grandes fortunas porque nadie se atreverá a meterles mano como es debido. Ya sabéis, el mercado y tal.
La mariposita que aparece en la mitad inferior, por cierto, siendo como es símbolo de transformación y renovación, nos dice que la próxima década vendrá con un nuevo método milagroso diseñado en principio para forrarse ("bro, hazme caso, bro. Invierte en esto, bro, que lo va a petar, bro") pero que en realidad estará hecho de humo y que acabará metido en el mismo cajón de las estafas en el que ahora mismo están, entre otros, el bitcoin los NFT, y Fórum Filatélico. Al menos será divertido descubrir una vez más hasta dónde llega la creatividad de quienes pretenden colarnos estas mierdas.
Y ahora, la aldea. ¿Qué tienen que decir las cartas de ésta nuestra sociedad?
El loco. Permitidme que parafrasee a Marty McFly: "¿Qué nos ocurre en el futuro? ¿Nos volvemos gilipollas o algo parecido?". La respuesta (bastante evidente, por otra parte) os la podría dar despotricando de nuevo contra la IA y diciendo que el protagonista del naipe es el resultado de la adicción a la vagancia mental que asola el planeta y que no hará más que empeorar. Sin embargo, en esta ocasión voy a dejar que sea el paso de los años el que determine si tengo razón o no. En todo caso, ¿qué puede salir mal en una sociedad carente de crítica que padece un estilo de vida aceleradísimo (capitalismo, te estoy mirando a ti otra vez)? Veamos qué nos cuenta al respecto la siguiente carta de nuestra tirada.
Un rey. Pero no un rey cualquiera. El rey de bastos. La autoridad y la mano dura que cierto sector de la población proclama que nos hace falta sin pararse mucho a pensar en lo imbécil que hay que ser para soltar algo así. ¿Se vienen tiempos difíciles? Es muy probable. ¿Habrá que tomar medidas difíciles para salir de ello? Seguramente. ¿Intentarán los de siempre aprovecharse de la ignorancia general, echando balones fuera y buscando culpables donde no los hay, ensalzando a líderes de extrema derecha que con la excusa de imponer orden harán del mundo un lugar más triste y feo? No me cabe la menor duda. Ha pasado, pasa y pasará. Y esta carta me parece especialmente representativa, con un monarca que pretende proyectar fuerza y poder, metiéndose en guerras absurdas con vecinos de cerca y lejos, pero que sólo es capaz de mantener la pose gracias a ese cerdito sobre el que cabalga.
No creo que haga falta que lo diga, pero el cerdito es el capitalismo. Y si os cuesta ver la referencia, de ahora en adelante, cada vez que un aspirante a duce, fuhrer, caudillo o primer ministro de Israel asome la patita con sus soflamas, investigad un poquito para ver de dónde sale la pasta que mantiene su mierda a flote.
Mientras tanto, nuestro planeta, ajeno a nuestras absurdas rencillas, ¿tiene algo que decir?
Ay, qué bonito. Los enamorados. Algo positivo entre tanto mal augurio, ¿verdad?. Bueno, según se mire, porque igual vosotros veis a una romanticona pareja cuyos integrantes se aproximan cada vez más, sintiéndose, queriéndose, deseándose hasta que sus labios se encuentran, dando lugar a que la pasión estalle y una lujuria desenfrenada recorra sus cuerpos, que sienten escalofríos allá donde piel roza piel. Y la escena culmina de tal forma que, de describirla aquí, tendría que poner un aviso antes de cargar el blog preguntándoos si tenéis al menos dieciocho años.
Siento joderos el calentón, pero yo esa misma escena la veo siendo protagonizada por dos placas tectónicas porque quizá tenga problemas. Vamos, que se viene un terremoto de los gordos, de los de página propia en la Wikipedia. ¿Que dónde exactamente creo que va a tener lugar un sismo tan terrorífico? A ver, EL TAROT NO FUNCIONA ASÍ, ¿VALE?. Si queréis datos fiables preguntadle a un científico, que yo sólo estoy jugando con la estadística, la probabilidad y vuestros sentimientos.
Catástrofes aparte, ¿qué hay de la tecnología?
Pues aquí toca centrarse inevitablemente en el que podemos considerar el avance técnico más importante de nuestro siglo porque BP jamás permitirá que se desarrolle una alternativa al petróleo. Sí, estoy hablando una vez más de la Inteligencia Artificial. Ha salido el cuatro de bastos, pues cuatro son las empresas (Microsoft, Amazon, Google y Meta, evidentemente) que se harán con todo el pastel de la IA a base de talonario, obligando a los usuarios a pasar por su caja cuando de utilizar esta infame herramienta se trate. Para concluir la metáfora, ¿sabéis quién es el maromo que porta los bastos en el naipe? El capitalismo (sí, tengo que criticarlo cada dos por tres o no me quedo tranquilo). Y al igual que ocurre en el mundo real, parece fuerte y tal pero en realidad está en gayumbos, así que no os extrañéis si le da por pedir ayuda a su vigoréxico hermano (el fascismo) en caso de que le vaya mal. A la carta sobre política de hace un rato me remito.
Por otro lado, me da que Facebook va a desaparecer de aquí a diez años. Cruzo los dedos para que así sea.
Y ahora, alcemos la vista hacia el cielo y descubramos qué va a pasar con nuestro medio ambiente.
No, el clima no se va a suicidar, tranquilos. El colgado simboliza cambios de perspectiva, alternativas, diferencias, novedades... Por ejemplo, un Polo Norte navegable, una Corriente del Golfo comportándose como no lo había hecho hasta ahora, un Niño al que habrá que rebautizar como "El Adulto", termómetros alcanzando cincuenta grados centígrados en núcleos urbanos, vientos huracanados más propios de planetas sin atmósfera, islas desapareciendo bajo las aguas... Va a ser como vivir en un parque de atracciones divertidísimo si lo que os divierte es jugaros la vida. Y ¿qué vamos a hacer al respecto? Descubramos la última carta y salgamos de dudas.
Pues en este caso el vaticinio es bastante claro. Pudiendo elegir entre cuidar el medio ambiente DE UNA PUTA VEZ y no hacerlo, seguiremos optando durante los próximos diez años por la segunda opción. Y esas siete espadas clavadas sobre el tronco del árbol ante un sediento tigre representan siete desastres causados por la mano humana que veremos en las noticias. Tomad nota:
- Se va a hundir un petrolero.
- Va a haber un incendio gordísimo, como no se había visto hasta ahora, con una extensión de varias decenas de miles de bernabéus, en algún lugar del planeta en el que precisamente no sobran árboles. Provocado, por supuesto.
- Va a reventar una fábrica o planta de tratamiento químico, llenando por consiguiente la zona de gases chungos.
- Una especie invasiva va a liar la de Dios es Cristo en todo un ecosistema, haciéndolo irrecuperable.
- Un vertido industrial va a mandar un río importante al carajo.
- Se va a extinguir una especie animal bastante conocida.
- Va a pasar alguna mierda relacionada con la energía atómica. Desechos mal gestionados, o una fuga de una central o que a algún líder gubernamental especialmente gilipollas le dé por retomar las pruebas nucleares.
Hasta aquí la tirada. Qué chungo todo, ¿no? Tened en cuenta que hay gente ahí fuera que os habría cobrado cien euros por esto. Aunque quizá sin tanta negatividad, no sé. A pesar de todo y aunque no lo parezca, conservo un mínimo de esperanza, pero no la suficiente como para ponerme a hablar de ello. Además, se me ha ido un poquito la mano dándole a la tecla, por lo que vamos a ir terminando.
Sólo me queda añadir que, por lo que respecta a mi blog, no sé qué será de él de aquí a una década. Puede que mi cerebro se canse de inventar gilipolleces, o que la vida me pase la mano por la cara y me obligue a dedicarme a cosas más importantes, o que internet termine de romperse y haga el sitio inaccesible. Aunque quizá nada cambie y yo siga publicando contenido con cierta regularidad, ¿quién sabe? De ser así, me pongo y os pongo como deberes releer esta entrada allá por el remoto dos mil treinta y seis para que podamos reírnos todos un rato y respirar tranquilos al comprobar que, al igual que pasa cada vez que un tarotista sacacuartos abre la boca, todo lo que dije resultó ser falso.




























