El otro día, mientras mantenía una videollamada con mis padres, les conté que me había pasado la mayor parte del fin de semana dándole a la tecla, preparando contenido para el blog. Ante este dato, mi padre apuntó: "pues no has publicado nada nuevo", sin darme tiempo a aclarar que estoy reservando dicho contenido. Y es que, si todo va según lo previsto, tendré una serie de entradas para que os comáis durante el verano (y si hay algún imprevisto, me comeré yo mis palabras).
Sin embargo, mi progenitor tenía razón, ya que comencé el año a un ritmo de entrada semanal y últimamente el blog anda algo seco. Con la idea de poner remedio a esta situación, decidí que tocaba sacar algo, aunque no tenía muy claro sobre qué hablar.
Y entonces, por culpa de (o gracias a, que no lo tengo muy claro) Youtube, el tema del momento me pasó por encima.
Resulta que, aunque no sigo sus canales directamente, el portal de vídeos, desde su página de inicio, suele recomendarme el contenido más reciente de varios youtubers relacionados con la teoría musical. Por lo general, cada uno de ellos va a su bola: que si un vídeo sobre tal progresión de acordes, que si el análisis de una banda sonora, que si "diez riffs de guitarra que te dejarán con el culo torcido"... No obstante, hay veces que todos se ponen de acuerdo y en un mismo periodo de tiempo publican sobre lo mismo. Sin ir más lejos, hace algunas semanas sacaron casi a la vez material criticando cómo la IA ha matado a la música (que yo pensé: "tendrán un grupo de Whatsapp para ponerse de acuerdo o algo").
Pues bien, como iba diciendo, el otro día se repitió esta situación. La primera miniatura alusiva era de Rick Beato. Más abajo, un vídeo de David Bennett también incidía en el tema, dando más información teórica. David Bruce vino después. Luego, Charles Cornell. Hasta creadores de contenido en español como ShaunTrack se habían subido al carro.
Sí. Vi muchos vídeos aquella mañana. Y yo también voy a daros la tabarra al respecto. Que no lo hago por el engagement, ni mucho menos, sino porque me he dado cuenta de que este blog ha acabado siendo mi diario personal (es raro que una de mis entrada supere las veinte visitas, la mitad de las cuales las suelo efectuar yo). Más de una vez he redescubierto posts viejos con detalles y anécdotas que había olvidado y que me hacen sentir bien conmigo mismo, así que ya que estoy, voy a aprovechar para saludar a mi yo de dentro de unos años cuando vuelva por aquí: hola. ¿Qué tal todo por el futuro? ¿Sigues teniendo pelo? Espero que todo te vaya bien y que en el momento en el que vives ya no exista el Estado de Israel.
Eso por si aún seguíais creyendo que yo estoy aquí por el engagement.
Sigamos. Yo ahora pensaba explicaros (y recordarme, atendiendo a lo que acabo de contar) cómo me sentí durante el rato que pasé ante la pantalla del ordenador. Para ello, pretendía usar una referencia a la serie Bob's Burgers en la que su protagonista, Bob Belcher, acude a un espectáculo llamado Cake en el que sus integrantes hacen juegos de chocar las palmas. Algo así como una mezcla entre Stomp y Mayumana. Aunque inicialmente no está muy convencido, lo que ocurre ante sus ojos le vuela la cabeza de tal forma que se convierte en un fan acérrimo de Cake.
Contado tiene menos gracia que enseñado, lo sé. Y os aseguro que he pasado más rato del que debería buscando dicha escena, pero internet ESTÁ ROTO (yo del futuro, espero que hayáis logrado resolver esta mierda) y no he dado con ella. Está en el octavo episodio de la segunda temporada. Ya tenéis deberes.
Intentemos remontar de este bajón. Pues eso, que yo empecé a reproducir los vídeos de Youtube arriba enlazados sin tener muy claro a qué venía tanto hype con Angine de Poitrine, y a los pocos minutos ya estaba revisando su calendario de conciertos para ver si alguno me pillaba cerca y descubriendo con gran pesar que ESTÁ TODO VENDIDO, oiga.
"Angine de quoi?" os preguntaréis algunos si es que queda alguien que no esté al tanto. Y no sé muy bien por dónde empezar a responder a esta pregunta. Diré en primer lugar que es un dúo musical de Quebec que, aunque ha llegado hasta aquí tras veinte años construyendo su estilo (según pude leer en un artículo de Eric Spitznagel porque sí, este tema también ha llegado a Substack), se ha popularizado recientemente, y todo el contenido que ha surgido hablando de su música y sus pintas no ha hecho más que amplificar el eco de su fama.
Hasta la propia web de Google hace el tonto al respecto.
Pero ¿por qué me han gustado tanto? Pues creo que por lo mismo que a resto de internet. La impresión general es que desde hace ya demasiado tiempo la música se compone por y para un algoritmo, y que la escena actual es un erial creativo agravado por la puta IA (hace semanas estuve comiendo con mi hermano en un restaurante asiático cuyo hilo musical sólo reproducía esta clase de contenido y me dieron ganas de incrustarme el jengibre en las orejas para tratar de librarme de semejante bazofia sonora). Y entonces aparecen estas dos criaturas, con un estilo que para poder ser entendido requiere de una base teórica que yo pretendo resumir en un puñado de párrafos.
Mirad esta foto de mi piano:
![]() |
| Cuando le conté a mi amiga que tenía un piano blanco me dijo entre risas "no hay color más feo para un piano que blanco". Pero es que hace juego con la mayoría de muebles de la habitación, leches |
Andreu Buenafuente dijo cuando presentaba Late Motiv que un piano tiene demasiadas teclas, y creo que todos los que alguna vez hemos intentado tocarlo estamos de acuerdo. Sin embargo, es posible reducir su complejidad a las doce que en la imagen superior se sitúan entre el teleobjetivo que acabo de recibir (y con el que espero sacar mejores fotos desde mi ventana) y el llaverito del perro verde que me hizo mi madre a ganchillo hace años (he intentado tomar la misma imagen usando a mis gatos en vez de esos dos objetos pero me han dejado bien claro que no trabajan gratis porque tienen más conciencia de clase que todos vosotros).
Las teclas blancas reproducen las notas del do al si, y las cinco negras son bemoles o sostenidos según desde qué lado se les ponga el nombre. De esas doce, elegid siete con cierto criterio para formar una escala y tirad de dicha escala y de un compás de 4 por 4 para obtener el ritmo y... Enhorabuena, ya tenéis el noventa y cinco por ciento de las canciones que se han compuesto en occidente durante los últimos doscientos años.
Y al igual que ocurre con las teclas del piano, los trastes en el mástil de una guitarra o un bajo, o los agujeros de una flauta os van a dar el mismo resultado. Las mismas doce notas. Y si hay más, es porque se repiten más agudas o más graves.
De todas formas, no penséis que esta limitación es fruto de la vagancia o de la falta de creatividad. Es que con esas notas basta y sobra. Por ejemplo, las dos notas que suenan en el icónico tema de Tiburón (un mi y un fa, o un fa y un fa sostenido dependiendo de a quién le preguntes) son consecutivas y bastante tensión aportan.
Pero Angine de Poitrine no hace música con doce notas. Sino con VEINTICUATRO (a esto se le llama música microtonal. Que yo pensaba titular esta entrada "No diga desafinado. Diga microtonal", pero no sabía si se iba a entender muy bien).
Es decir, que si yo quisiera reproducir alguno de sus temas en mi piano, no podría. En primer lugar, porque no cuento con nivel ni para intentarlo; y en segundo lugar, porque tendría que hacer uso de teclas que NO EXISTEN. ¿Cómo se explica entonces esta brujería? Pues resulta que Khn de Poitrine, la mitad de este conjunto, usa un instrumento especial, fabricado al uso, que combina bajo y guitarra cuyos mástiles tienen el doble de trastes. Dicho instrumento, ojo, está conectado a una serie de pedales gracias a los que crea loops sobre los que va construyendo cada intrincado tema. Una barbaridad.
Y por si esto fuera poco, añadid ahora los complejos compases que el otro integrante, Klek de Poitrine, marca a la batería, y comprenderéis por qué sus temas no se parecen a nada a lo que estamos acostumbrados.
Pero aún hay más, pues la música de Angine de Poitrine es sólo parte de la experiencia. Que he pasado por encima de ello varias veces, pero un conjunto musical con un nombre que en francés significa "angina de pecho" y cuyos miembros se llaman Khn y Klek promete más sorpresas.
Echad un ojo ahora a sus pintas:
![]() |
fuente: le journal de Montréal REDIÓS |
Es que no sé con qué meterme antes. ¿Las máscaras? ¿Los gorros de papel maché? ¿Los estampados de puntos negros sobre fondo blanco o puntos blancos sobre fondo negro? ¿El hecho de que Khn de Poitrine actúe DESCALZO?
![]() |
fuente: anginedepoitrine.com Directed by Quentin Tarantino |
Tras mencionar su música y su estilo, toca meterse con su performance: según ellos mismos, su género musical se define como "mantra-rock dadaísta pitagórico-cubista", a lo que yo sólo puedo añadir "desde luego que sí. Y yo que me alegro", y en sus apariciones en público se comunican en un idioma surrealista ilegible que requiere de un traductor para poder hacerse entender con la prensa. A esta loca entrevista me remito.
En la susodicha entrevista mencionan el vídeo que les lanzó al estrellato recientemente: una actuación para KEXP que mientras escribo esto ya lleva más de diez millones de visualizaciones y que incluye comentarios hilarantes: hay quien pregunta si actúan en bodas, mientras otro añade que quiere contratarles para su abducción. Otro usuario solicita que, cuando anuncien una gira mundial, aclaren en qué mundo tendrá lugar. Hay un comentario afirmando que así es como suena lamer una pila de nueve voltios...
Y ahora que ya estáis al tanto sobre qué es Angine de Poitrine, sigamos hablando de mí. Tras haber pasado un proceso de adaptación parecido al que os ha tocado tragaros si tenéis el cuajo de seguir leyendo esto, e invadido por el fanatismo, quise compartir el vídeo de KEXP con mi novia. A palo seco. Y ¿cuál fue su reacción? Os lo diré saliéndome un poco de la historia.
Años atrás, cuando vivíamos en Dublín, solíamos ir cada fin de semana a un cine del centro porque teníamos una suscripción que nos permitía ver todas las películas que quisiéramos pagando una tasa mensual. Durante una época, antes de cada proyección, uno de los anuncios que se emitían en la enorme pantalla buscaba concienciar sobre el tema de ahogarse (lo cual tiene sentido si consideramos que Irlanda está rodeada de mar y llena de lagos). En dicho comercial se alertaba de que lo peor de caerse al agua es el cold water shock, pues la baja temperatura del líquido elemento es lo que causa que a uno se le vaya la olla, no logre ser dueño de su hiperventilación y su taquicardia y acabe incluido en una triste estadística.
Digo esto porque, a los pocos segundos de empezar a reproducirse la performance, pude ver como mi novia, que estaba descubriendo en ese momento a Angine de Poitrine sin haber recibido las reglamentarias pautas sobre Angine de Poitrine, estaba sufriendo un cold water shock audiovisual, la pobre.
Luego añadiría que poco a poco, y en circunstancias mentales más apropiadas, podría intentar enfrentarse a ello. Y si recojo esta anécdota es para demostrar que nadie queda indiferente ante los de Quebec.
Finalmente, tras haberme convertido en poitriner y haber traumatizado un poquito a mi pareja involuntariamente, me quedaba la parte más importante: escuchar su música en condiciones, no trozos de actuaciones sacadas de vídeos de Youtube. Así que el otro día decidí aprovechar que cuando salgo a correr sólo me interrumpe la voz en off de mi reloj para decirme a cada kilómetro si voy deprisa o despacio, y me pasé por los tímpanos los dos discos que el dúo quebequés ha sacado de momento (que se llaman Vol. I y Vol. II. Olé sus huevos). Uno detrás de otro.
¿Cómo acabé? Pues a nivel físico, bien. La verdad es que me lo tomé con calma. Pero a nivel mental...
Tras más de una hora recibiendo por vía auditiva notas extrañas, compases laberínticos y acordes no registrados aún en mi subconsciente, me sentí como si mi cerebro se hubiese ido por su cuenta a las ferias para, tras atiborrarse de algodón de azúcar, montarse en todas las atracciones dos veces y acabar vomitando entre unos contenedores.
La semana que viene pienso repetir esta experiencia, faltaría más.
![]() |
fuente: ledroit.com Larga vida al mantra-rock dadaísta pitagórico-cubista |























.jpg)































