Cuando faltaban un par de días para que muriese dos mil veinticuatro publiqué con prisas una entrada en la que describía otro ejemplo más que demuestra que mi vida a veces es un sketch de Pepe Viyuela.
Considerando que a estas alturas de década ChatGPT ya os ha convertido el cerebro en babas, intuyo que no os ha salido de en medio revisar la susodicha entrada que me he molestado en enlazar para nada, ¿verdad? Pero no os preocupéis, vagos, que ya me encargo yo de daros los dos puntos más destacables de la misma de cara a lo que os va a tocar leer ahora:
1 - En ocasiones voy a echar un ojo a Gata, la gata de una amiga que vive cerca de mi casa.
2 - Mi amiga, agradecida, siempre trae regalos (generalmente chocolate).
Resulta que durante el pasado año hubo que pasarse por los dominios de Gata alguna que otra vez al encontrarse mi amiga ausente. Durante una de dichas ausencias, mi amiga pasó unas semanas en su Chile natal, y como de costumbre se volvió a casa con muchos presentes que llevaban mi nombre y el de mi novia (quien también cuida de Gata, que no lo he dicho hasta ahora). Por ejemplo, me trajo un Principito en Mapuche:
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| Mi parte favorita es ésa en la que el zorro le dice al principito: "küme pengelay feymew piwke engü pengekey mütem. Fey ta chi falingechi dungu kimfalngenochi ta pu nge mu" |
No quiero dar muchos detalles de por qué mi amiga ha acertado regalándome un ejemplar de El Principito en un idioma del que no habíais oído hablar hasta ahora porque me huelo entrada aparte al respecto. Sólo destacaré que hasta el envoltorio estaba curradísimo. Con pegatinas que he transferido a la solapa del libro y un sello que he recortado para usar de marcapáginas:
Y sí, también había chocolate en el regalado lote. Variado hasta el punto de que me da para hacer una degustación semanal que voy a compartir con vosotros enseguida y acompañado por una nota (la nota no la comparto, que eso lo considero correspondencia personal. No me seáis cotillas además de vagos) de lo más cuqui en la que mi amiga describía cada artículo. Aunque para cuquis, los nombres en diminutivo de varios de ellos. Seguro que para vosotros son tan desconocidos como el idioma mapuche, así que disfrutad de su descubrimiento menos que yo, porque vosotros no os los vais a comer y yo sí.
Lunes. Sapito
Un sapo de chocolate cuyo envoltorio evoca la piel de una vaca, ¿por qué no?. Me gusta:
Tiene un exterior suave, como el del churro ése que le clavan a los conos de helado 99p de las islas británicas que casi nunca comí porque en Irlanda siempre hacía un tiempo de mierda que me quitaba las ganas de helado.
El chocolate con leche tiene una presencia muy sutil porque el interior contiene bolitas de cereales que se llevan todo el protagonismo. Me paso todo el tiempo que dedico a comerme el sapito pensando que lo de las bolitas de cereales me recuerda a otro dulce que sabe igual y se siente igual, pero no logro recordar cuál es.
Eso sí, riquísimo el sapito.
Martes. Laguito
El alfajor de los Lagos del Sur en cuyo envoltorio se indica que está relleno con manjar de repostería y bañado con cobertura sabor chocolate:
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Y no caduca. Vence |
Al abrirlo, veo que el pobre se ha llevado una paliza. Y no le culpo. Tengamos en cuenta que esta chuchería ha volado desde Chile hasta mi casa, y yo suelo acabar peor cada vez que tengo que subirme a un avión.
Su estado físico no le impide resultar delicioso. Y como todo alfajor que he probado hasta la fecha, tiene una textura que le hace parecer un pariente lejano del phoskitos. No tengo muy claro si lo de "manjar de repostería" es en realidad dulce de leche, un sucedáneo del dulce de leche o algo totalmente distinto (en la lista de ingredientes, al dorso, aparecen entre paréntesis los componentes de dicho manjar, pero he dejado de leer al ver la palabra "carragenina" porque le tengo miedo a lo desconocido). Sin embargo, mi paladar simplón asume que es dulce de leche y lo disfruta muchísimo.
Aún no he terminado de saborear el laguito y sigo dando vueltas al sapito de ayer. ¿A qué me recuerda? Me vienen a la mente unos bombones de chocolate. Algunos tenían el envoltorio azul y otros rojo, pero mi cerebro no logra desenterrar más detalles de ese recuerdo...
Miércoles. Vizzio
No confundir con Vicio, la canción de Reincidentes. Que si todo sale según lo previsto, en unos meses volveré a mencionar dicho conjunto en una entrada que enlazaré aquí. Pero si las cosas se tuercen y no hay ningún enlace, olvidad lo que acabo de decir, por favor.
Volviendo al dulce, lo primero que pienso es que se rompió la racha de los diminutivos, lo siento. Pero me gusta la elegancia con la que el mismo se presenta, en su caja de cartón y todo:
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| "¡déjame uno!" |
Tal y como se anuncia, el interior contiene 3 bolsas / 3 bags. Y así es. Para muestra, una de ellas / one of them:
Y finalmente, tras adentrarnos en esta capa de embalaje final, llegamos al tesoro: once almendras que llevan un disfraz de chocolate.
No puedo decir mucho porque un fruto seco chocolateado no tiene misterio, pero he de reconocer que la parte del chocolate tiene un sabor muy agradable que tarda en desaparecer. No sé si me explico. A ver, que yo no me dedico a comer cosas y luego ponerles nota de forma profesional, ¿sabéis? Además, llevo desde el lunes sin dejar de pensar en lo del bombón que sabe como el sapito. Porque era un bombón. De eso estoy seguro. Y yo creo que se vendía en bolsas, pero no recuerdo en qué comercios concretamente. Dios, esto me esta haciendo perder la cabeza.
Jueves. Trencito
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| Me encantan las esquelas del envoltorio. Volveré a ese tema en una entrada futura (o eso espero) |
A ver cómo planteo yo esto... Vale que, tratándose de un producto de Nestlé, resulta contradictorio lo de ese nombre tan cuqui si nos paramos a analizar el historial que tiene dicha empresa, y ya sabéis que yo soy el primero dispuesto a meterse en política cuando hace falta. Y sí, lo de creerse moralmente superior al resto por boicotear a tal o cual producto está muy bien (aunque muchas veces el único que se beneficia de ello es el propio ego), pero ¿sabéis qué está mejor aún? Dejar todo eso a un ladito y celebrar el tener una amiga con la que poder intercambiar favores catsittingeros que encima se molesta en traerte chocolate desde el otro lado del mundo.
Además, juraría que tiempo ha, una de las veces que ella cuidó de nuestros gatos, le traje de España una Caja Roja, así que no soy nadie para tirar la primera piedra.
Hecha esta aclaración que no sé si realmente ha aclarado algo, diré que la tableta tiene la forma más curiosa que he visto hasta la fecha:
Y en cuanto al sabor... La sencillez de ser chocolate con leche y ya, sin adornos, hace que el paladar pase un buen rato al no tener que complicarse identificando sabores y texturas que quizá no deberían mezclarse con el cacao, como ocurre en otros casos (y no miro a nadie, sal marina de los huevos). Aprecio no tener que pensar mucho mientras doy cuenta del trencito porque así puedo darle vueltas al tema de los bombones. ¿Los vendían en el Lidl? Porque eran baratos y venían en bolsa grande, desde luego. Si es así, puedo comprobarlo mañana cuando vaya a hacer la compra. Pero yo creo que hace muchísimos años que los comí por última vez. ¿Y si eran de algún comercio que ya no existe, como el Plus Superdescuento? A ver qué hago en ese caso. En fin...
Viernes. Super 8
Se acabaron los nombres cuquis.
Como ya di la turra lo suficiente con el asunto de Nestlé en el apartado del trencito, paso directamente a enseñaros qué pinta tiene el Super 8 una vez desenvuelto:
Como podéis ver, es una oblea bañada con chocolate. Que no sé a vosotros, pero a mí el cuerpo me pide prepararme un café para que le haga compañía. El problema es que, con mi bocaza de tragaldabas, el super 8 desaparece en un bocado. Y entonces, ¿qué hago, si todavía no me he terminado el café?
Pues comerme otro super 8, por supuesto. Y quizá otro más. Y, ¿por qué no? Otro más. Y creo que por el bien de mis arterias, mejor doy por terminada la entrada aquí. Si os habéis quedado con ganas de más, dadme dulces que ya me encargaré yo de escribir al respecto mientras me los jalo.
Y no, los bombones de mis recuerdos no están a la venta en el Lidl, que lo acabo de comprobar.





































