lunes, 12 de enero de 2026

Relatos breves para combatir el tedio aeroportuario

07:28

Érase una vez un narrador gilipollas que, o bien se despistó al ver que el precio de la reserva era bastante más barato de lo habitual, o bien no estuvo a lo que había que estar. La cuestión es que dicho narrador adquirió un billete de avión con destino Madrid y escala en Frankfurt de CASI SEIS HORAS, detalle del que no fue consciente hasta días después de haber pagado. Su desasosiego crecía conforme acercaba la fecha del viaje, pues además de gilipollas también era un privilegiado cuya mayor preocupación consistía en llenar CASI SEIS HORAS de tiempo muerto.

Finalmente, el inexorable correr del calendario trajo consigo el temido día, y cuando el narrador puso pie en el aeródromo francfortés, el vuelo a Madrid aún no se hallaba visible en los monitores de información.


07:52

Érase una vez un descomunal aeropuerto cuyas cuatro pistas y dos terminales, ocupando una extensión de veintiún kilómetros cuadrados, le convertían en el cuarto más grande de Europa (o el quinto, dependiendo de a quién le preguntases porque andaba más o menos a la par con el de Estambul. Aunque la Wikipedia decía que era el tercero. Joder, qué follón). Por este aeródromo pasaban cada año setenta millones de pasajeros, y uno de ellos en particular, narrador de esta historia, pensó que sería buena idea convertir su espera de CASI SEIS HORAS en una entrada para este blog, arrepintiéndose de ello al escribir estas líneas porque no está logrando sacar material lo suficientemente gracioso.

08:00

Érase una vez el inicio de una kilométrica cinta transportadora situada en el segundo sótano y que transcurría entre las secciones A y B de la terminal 1 del Aeropuerto de Frankfurt.


08:05

Érase una vez el final de una kilométrica cinta transportadora situada en el segundo sótano y que transcurría entre las secciones A y B de la terminal 1 del Aeropuerto de Frankfurt.


08:08

Érase una vez la BIOS del sistema informático del aeropuerto de Frankfurt.


08:39

Érase una vez una fuente porque gracias a Dios aún se puede beber agua de forma gratuita en el aeropuerto de Frankfurt. Durante las CASI SEIS HORAS que tuvo que pasar en el lugar, el narrador habría de acercarse en cuatro ocasiones a este surtidor para rellenar la botella de treinta y tres centilitros cortesía de Air Dolomiti, aerolínea responsable del primer vuelo que tuvo lugar aquella tediosa mañana.


Niños, hidrataos.

09:15

Érase una vez un desayuno compuesto por un plato de huevos fritos y lonchas de jamón cocido sobre pan de centeno con un toque de mahonesa porque los alemanes se mueren si no le echan salsas de mierda a todo y verduras variadas que no me apetece describir, acompañado por un café americano que el narrador degustó mientras resolvía en su teléfono móvil, como cada mañana, el nerdle, el wordle, la palabra del día, el sumplete 5x5, el sumplete 7x7 y el crossnerdle, en ese orden.


Una vez hubo dado de desayunar a su estómago y a su cerebro, el narrador hizo entrega a la atentísima camarera de los quince euros que costó su orden, a los que añadió otros dos de propina por los cuales la servidora reaccionó con una expresión de agradecimiento que incluyó un toque en el hombro de nuestro protagonista, dando lugar así a la primera incursión en el espacio personal de otro individuo que se producía en territorio alemán en los últimos ochocientos años.

10:06

Érase una vez un precio insultantemente excesivo por determinado bien de consumo y la constatación de que la tontería del chocolate estilo Dubai se nos había ido de las manos a la humanidad hacia dos mil veintiséis.


10:09

Érase una vez una pareja de peluches de Stitch con una cara de susto más que evidente, como de haber contemplado un espectro o similar aparición del más allá.


Uno de aquellos Stitchs sería adquirido por una incauta pareja con la idea de que acompañase a su ternasco durante los momentos que éste debía quedarse a solas en su cuarto. Quiso la casualidad que los padres situasen el muñeco en una balda apuntando a la puerta del armario, provocando así que, a ojos del niño, el simpático alien azul mostrase terror ante alguna presencia escondida en el mueble pero no detectable por seres humanos. Y el narrador llamó a esta historia "Fantasía de duty free que termina con un niño traumatizado" y cuya motivación quedó entre el aquél y su terapeuta.

10:25

Érase una vez un libro escrito en mil novecientos dieciséis por un tal Vladimir Ilyich Ulyanov que argumentaba cómo el Capitalismo estaba dando paso a una fase imperialista y de dominación geopolítica por culpa de los grandes monopolios empresariales y bancarios existentes entre finales del siglo XIX y principios del XX. El narrador de esta entrada, ciento diez años después, decidiría pasar el resto de la mañana leyendo este libro en un sitio paradójicamente plagado de anuncios del Deutsche Bank.


12:13

Érase una vez una pausa que tuvo lugar durante una interesante lectura radicalizadora en la que el narrador aprovechó para ingerir un café americano y un bocadillo de jamón serrano, queso y hojas de rúcula resecas por un precio de nueve euros y noventa céntimos.


13:16

Érase una vez un interminable embarque por grupos en que el narrador tenía asignado el número 5 (de cinco, no me jodas), lo que le permitió acercarse a la cristalera de la terminal para intentar hacer una foto del avión al que habría de subir una eternidad después. Sin embargo, la posición del finger y de un enorme anuncio impidieron que el narrador cumpliese su objetivo.


Minutos después, poco antes de adentrarse en su aeronave, lograría tomar otra imagen con mejores vistas del puñetero aparato.


13:50

Érase una vez un avión Airbus A321NEO que, tras tener que esperar en pista durante media hora a que las condiciones atmosféricas mejorasen (el piloto le tuvo que meter puño al motor como si aquello fuese una vespino, que no había visto yo nunca algo así) y el personal aeroportuario aplicase a las alas anticongelante, despegó del aeropuerto de Frankfurt con destino a Madrid y puso fin a CASI SEIS HORAS MÁS DE SEIS HORAS de espera y a esta entrada.

14:20

Érase una vez un amago de epílogo pensando a miles de pies de altura en el que el narrador de esta entrada os recomendaba leeros un libro escrito en mil novecientos dieciséis por un tal Vladimir Ilyich Ulyanov que argumentaba cómo el Capitalismo estaba dando paso a una fase imperialista y de dominación geopolítica por culpa de los grandes monopolios empresariales y bancarios existentes entre finales del siglo XIX y principios del XX. Sin embargo, tras reflexionar al respecto, el narrador consideró que no era quién para deciros a quién debéis o no leer*, o si incluso es buena idea que leáis en primer lugar, concluyendo aconsejaros que hagáis lo que os salga de en medio, que bastante habéis tenido con tragaros toda esta turra.  

21:11, tres días después

*Érase una vez una nota al pie que el narrador utilizó para aclarar o añadir un detalle a algo escrito anteriormente y así deciros: "Excepto a Juan del Val. Por favor, hacedle un favor a vuestras neuronas y no leáis nada de Juan del Val".

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