Suelo justificar mi reciente obsesión con la fotografía diciendo que es la forma que tiene mi cerebro de lidiar con la crisis de mediana edad. Los hay que en esta etapa de la vida optan por comprarse una moto o un coche, hacerse un pendiente o apuntarse a algún deporte/juego ridículo como el pádel; y a mí me ha dado por invertir mi tiempo y mis recursos en camaritas y objetivos mientras planeo dónde y a qué echarle fotos, mira tú.
Para ayudarme con dicha planificación, recurro a una segunda obsesión que creo que empezó a apoderarse de mi cerebro cuando descubrí el trabajo de la fotógrafa Cristina García Rodero y su libro España oculta me dejó con el culo torcido. Me estoy refiriendo al folclore y todas aquellas tradiciones que perduran a pesar del paso de los años y los cambios sociales (tradiciones, aclaro, que no conlleven maltrato animal. Llamadme especialito si queréis pero no me seduce el trogloditismo). Así, le echo horas a investigar en webs y libros acerca de celebraciones y festivales, y busco la forma de que mi cámara y yo nos podamos plantar en el pueblo de turno en el día de autos para volver luego a casa con un huevo de instantáneas que nunca me parecen lo bastante decentes.
Para muestra, el pasado treinta de noviembre me enteré de que a tan sólo un cruce de frontera de mi casa se celebra cada año un carnaval extraño como pocos, así que sugerí a mi novia y a una amiga de ambos que me acompañasen. Y ellas aceptaron.
Poder contar con gente que (al menos hasta cierto punto) comparte tu frikismo por algo es un privilegio, oye. Y el privilegio es aún mayor si encima tienen coche y así te ahorran tener que subirte a un tren que sale a las seis y media de la mañana.
Conforme se iba acercando el día me dediqué a buscar algo de información acerca de lo que íbamos a ver, pues el evento prometía. Y es que el carnaval o kurentovanje de Ptuj, en Eslovenia, es todo un festival de varios días de duración con decenas de actividades centradas en esta loca época del año. De entre todas ellas destaca el desfile etnográfico, de unas dos horas de duración durante las cuales diferentes personajes se pondrían a tiro del objetivo de mi Olympus.
Una vez llegó la mañana del ansiado evento, mi amiga nos recogió en la puerta de casa y nos pusimos en camino. Nuestra primera parada tuvo lugar en una de las sedes de la ÖAMTC (algo así como el RACE de Austria), cuya arquitectura y enorme logo en lo alto le dan, en mi opinión, un toque así como marveliano. Debido a este detalle suelo referirme a tal emplazamiento como "La sede de los Avengers":
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fuente: pongratz Alan Silvestri intensifies |
El motivo que nos llevó a tan cinemático edificio fue el comprar la vinjeta, una etiqueta de peaje que nos iba a permitir recorrer las autopistas eslovenas de camino a nuestro destino. Que este detalle no tiene mucho que ver con el kurentovanje, pero lo menciono a modo denuncia, pues aunque nosotros sólo íbamos a pasar poco más de medio día en la ex república yugoslava, la opción vinjetera más barata era la de siete días.
Menudos piratas.
De todas formas, tras aparcar el coche e intentar entrar en una ÖAMTC sospechosamente oscura, nos dimos cuenta de que el local cierra los sábados, por lo que no nos quedó más remedio que hacer la adquisición a través de una web que desconozco porque del trámite se encargó mi novia mientras nuestra amiga conducía en dirección a la frontera austroeslovena y yo sujetaba el móvil con Google Maps abierto en él. Trabajo en equipo, ya veis.
El viaje se hizo corto, y poco más de una hora después de habernos puesto en camino ya estábamos en Ptuj compitiendo con otros vehículos por hacernos con una de las escasas plazas de aparcamiento disponibles en el lugar. Mientras buscábamos estacionamiento vislumbramos a los primeros personajes carnavalescos, y este hecho me provocó una curiosa emoción para la cual estoy convencido de que los usuarios de ese complicado puzle llamado idioma alemán tienen un vocablo. Me explico: ¿sabéis lo que se siente cuando una desgracia ajena os hace sentir bien porque sois unos miserables? Eso es Schadenfreude. ¿La alegría que os da saber que algo va a ocurrir, en plan noche de reyes o paquete de Amazon en camino? Vorfreude. Pues a mí, desde el asiento del copiloto, me estaba dando cosica de la buena ver en carne y hueso (más bien en pelaje, ahora os explico) a figuras que, durante semanas, sólo conocía por fotos o por haber fastforwardeado un par de vídeos de Youtube de anteriores ediciones del kurentovanje.
Finalmente logramos aparcar a las afueras, en un desnivel que me hizo temer que el coche de nuestra amiga fuese a volcar porque soy así de neurótico, y caminamos hacia el centro del pueblo. Nuestra ruta pedestre nos hizo atravesar el inicio del desfile, donde comenzaban a agruparse sus integrantes (a participar en esto viene gente de toda Eslovenia y otros países, que no sé si lo he dicho ya), y vernos entre tan peculiares caracteres nos hizo comentar, medio en serio medio en broma, que aquello parecía un sueño febril.
¡Ay, amigo! La que nos esperaba...
A pocos metros de la Plaza Mayor, un trozo de acera iluminado por un sol que no había hecho acto de presencia en diez días se encontraba sospechosamente libre de espectadores, y allí nos colocamos los tres como si fuésemos lagartos dispuestos a recuperar el bronceador tiempo perdido. Aunque aquella calle se encontraba vallada en toda su longitud, allí no pasaba nada y por allí no pasaba nadie; y el único indicio de que en Ptuj se estaba celebrando algo consistía en mensajes que se lanzaban por la lejana megafonía. Esta situación provocó que los tres comenzásemos a mosquearnos y a preguntarnos si en realidad se produciría el desfile cuando, desde lo lejos, llegó un estruendo que nos cerró la boca durante los siguientes cuarenta minutos.
Permitidme que os presente al kurent:
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| En su momento los definí como "totoros yugoslavos", y mi hermano se refirió al ellos cuando vio mis fotos como "furrys anarcoprimitivistas". Dejo en vuestra manos el decidir quién fue más gracioso |
Esta bola de pelo de oveja, joya de la corona carnavalesca eslovena, es la encargada, año tras año desde sabe Dios cuándo, de alejar al invierno y atraer la prosperidad primaveral. Su terrorífica máscara exhibe una larga lengua, y en lo alto de su cabeza cintas de colores y plumas decoran sus cuernos:
En su bastón lleva atados pañuelos que la gente le ha ido ofreciendo, aunque decir "ofreciendo" puede no ser del todo correcto: uno de ellos le quiso robar a mi novia su bufanda, y otro exhibió con orgullo un sujetador a mi amiga haciéndole entender que quería ampliar esta colección a su costa. A mí no se me acercó ninguno a pedirme nada porque no tengo tetas y porque escondí mi palestino dentro del bolso en cuanto me di cuenta del percal. Lo que sí que hicieron varios fue amagar con darme algún topetazo mientras les fotografiaba.
Sí, a nivel visual los kurent son algo superlativo, pero a nivel sonoro no es que se queden cortos. Como he dicho hace unos pocos párrafos, su presencia resultó atronadora. Y es que su marcha incluía un mover de caderas que agitaba los cencerros de sus cinturas, creando así una sinfonía que llenaba la calle y no permitía oír ni los propios pensamientos:
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| Insisto, cientos de éstos desfilando ante nosotros durante cuarenta minutos |
Entre los kurent, de vez en cuando se dejaba ver una figura vestida de rojo o negro, no menos impresionante, encargada de hacerles compañía: el diablo.
Este séquito dio paso a un igualmente ruidoso grupo de pokači: hombres y niños que anunciaban la llegada del carnaval haciendo restallar sus látigos, produciendo así un sonido similar al de petardos.
¿Que qué petardos en concreto? Buena pregunta. Veamos... Estaban los de peseta, que venían en caja de cien y traían una mecha rapidísima. Pero esos no hacían tanto ruido. Quizá los de traca de veinte, que salían a duro el petardo y tenían estampado de estrellitas (ser capaz de desatar la traca sin joderlos para poder tirarlos individualmente era considerado poco menos que un superpoder entre los chiquillos de mi barrio). Que ahora que lo pienso, ésos también se vendían sueltos, con mecha verde retardada, pero este detalle no viene al caso. Luego había unos más grandes y caros, envueltos en papel de estraza, pero metían demasiado ruido en comparación con los látigos, creo yo.
Hablando de petardos grandes, recuerdo que una vez adquirí unos potentísimos, con mecha negra tiesa que tardaba un huevo en arder por motivos obvios, y fue haciendo uso de uno de ellos que protagonicé una anécdota que tengo pendiente contaros. A ver si saco tiempo un día y me pongo a ello.
¿Por dónde iba? Ah, sí. Que yo creo que el restallar hacía tanto ruido como los petardos de duro. Sí, definitivamente ésos.
Volvamos a Ptuj.
La procesión continuó durante el resto de la mañana. Como la longitud de esta entrada se me está yendo de las manos y tengo cosas que hacer, permitidme que meta un poco de prisa a quienes aún tienen que aparecer por aquí. Empezando por los lanceros, o kopjas:
Originalmente se dedicaban a acompañar a las novias en el día de su boda y no tenían nada que ver con esto, pero se colaron en el carnaval de Ptuj en los sesenta y decidieron quedarse, bailando alegremente al son de la música interpretada por la banda que les acompaña:
Las vile (que podría traducirse como "hadas"), según tengo entendido, aparecieron allá por los años treinta, cuando el kurentovanje era un campo de nabos:
Su misión consiste desde entonces en cantar y bailar alrededor de la reina de todas ellas, que lleva una corona más larga pero que no logré atrapar con mi cámara. A ellas les siguieron los kurike y los piceki, vestidos también de blanco pero portando capirotes de cintas y cabalgando palos con cabezas de gallos de madera en su extremo. Recorrían la calle cacareando mientras arrojaban maíz y fingían que estos falsos gallos lo picoteaban (lo del sueño febril y tal):
Aparecieron entonces los oraci, o labradores. Algunos corrían en círculos representando la olvidada tradición de arar un ídem mágico en torno a la aldea para proteger la misma:
Aunque otros simplemente lucían sus elaborados y floridos sombreros, portando un arado decorado al uso y siendo escoltados por un kurent y un pokac (que no me entró en la foto) encargado de alejar al mal con el restallar de su látigo:
El desfile devino entonces en jolgorio, con el grupo de baba nosi deda o "viejas cargando con hombres" danzando al ritmo de los acordeones:
Jürek, que representa la primavera...
...y que debe enfrentarse (y finalmente vencer) al travieso demonio Rabolj. En esta ocasión había dos, haciendo el tonto de una forma hilarante:
De entre el resto de enmascarados y disfrazados personajes que desfilaron ante nosotros, voy a mencionar sólo a uno: los cigani.
Cigani significa "gitanos":
Recogían sin ningún pudor todos los estereotipos de este grupo con un desparpajo en el que la corrección política brillaba por su ausencia: jaraneros, pedigüeños y con las caras pintadas de sucio marrón alborotaban la calle entre canciones y risas. Hasta hacían burla de la promiscuidad romaní:
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| Sí. Le han puesto un cigarro en la boca al muñeco |
Y yo creo que esta estampa final es buen remate para que os hagáis una idea de en qué consistió nuestra mañana. Tras abandonar el soleado lugar, y antes de dar por concluida la visita, comimos algo al tercer intento (el primer restaurante no contaba con más opciones vegetarianas que sopa y tarta, el segundo era un asiático sin mesas libres, y acabamos en una pizzería frente a nuestro desnivelado aparcamiento que sólo tenía sitio en el exterior, pero menos daba una piedra). También paramos en otro bar en el que hacía más frío que en la calle, pero tenían un gato viejito muy cariñoso.
Una vez nuestros buches se encontraron saciados de comida vegetariana y de la otra (y nuestras córneas de insólitas imágenes como las que habéis visto), recorrimos el camino de vuelta, satisfechos ante la curiosa experiencia pero con un ligero mosqueo al haber pagado seis días de vinjeta de más.
En realidad, lo de la vinjeta fue una pijada sin importancia. Pero es que yo necesitaba rematar la entrada de alguna manera y no se me ocurría nada mejor.
Bueno, quizá podría dejar esto en suspenso con un "continuará". Pero para ello tendría que escribir un post entero sobre otro evento parecido que, mientras tecleo estas líneas, ni siquiera ha ocurrido. Así que ya veremos.


















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