Tirarse siete años viviendo en Irlanda y seis en Austria (que se dice pronto) es lo que tiene, que uno se termina acostumbrando a culturas en las que la comida más importante del día comprende veinte tristes minutos para ventilarse un aún más triste sándwich, y luego es difícil tener en cuenta el tiempo que lleva enfrentarse a un menú del día patrio, con su primero, su segundo, su postre y su café.
Sirva este extraño arranque de entrada para justificar por qué mis padres y yo llegamos tarde a Navalosa. Que yo en principio lo tenía bien calculado: saliendo de casa a tal hora daría tiempo de sobra para asistir incluso a las preparaciones del evento que allí nos esperaba y tal. Pero el revuelto de setas, el churrasco de ternera con patatas, el arroz con leche y el café con ídem le pusieron la zancadilla a mi reloj mental. Por ello, mientras enfilábamos la segunda mitad de la ruta por carreteras secundarias que aún chorreaban tras semanas de borrascas encadenadas, escuchando un partido de Liga por la radio porque en el puerto de Menga sólo se sintoniza Radio Nacional, los vecinos del municipio abulense ya habían empezado la fiesta.
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| Esta foto se la he robado a mi madre, que la hizo con su móvil desde el asiento de atrás mientras el Rayo le clavaba el segundo gol al Atleti |
Cuando por fin llegamos y dejamos el coche estacionado a la entrada del pueblo sobre la acera (¿ilegal? Sí. Pero es que, considerando la afluencia de vehículos, sólo quedaba sitio para aparcar en las aceras, sobre los tejados o en las copas de los árboles. Y el Citröen C3 de mis padres no tiene tanta tracción), la megafonía que llegaba a nuestros oídos desde el ayuntamiento se dedicaba a darle las gracias a los allí presentes.
Aún nos separaban de la casa consistorial unos quinientos metros a pie por callejuelas que serpenteaban en cuesta. Temeroso de alcanzar aquella meta no ya tarde, sino DEMASIADO tarde, quise apretar el paso, considerando que enfrentarme un desafío como aquél es el motivo por el que todos los días subo por las escaleras hasta mi domicilio en la sexta planta y corro por el monte austriaco los domingos que no llueve.
Pero mis padres no se pasan la vida dándole vueltas a esta clase de chorradas. Como cualquier persona en sus cabales, ellos eligen ascensor cuando tienen opción y no se comportan como cabras, así que a causa de la falta de práctica, aquella cuesta arriba comenzaba a ser DEMASIADO cuesta arriba para ellos.
Pensé entonces en los desplazamientos que llevaba realizados desde el día anterior: el paseo de quince minutos entre mi casa y la estación de tren, el trayecto hacia el aeropuerto que incluyó transbordo en autobús porque la vía está en obras o algo así, el vuelo a Munich, las tres horas y media en el aeródromo alemán porque este año me toca vivir una interminable escala detrás de otra, el segundo vuelo, esta vez con destino Madrid, el trayecto en coche de madrugada hasta Valladolid porque mi hermano me hizo el favor de ir a buscarme a Barajas a una hora a la que tanto trenes como autobuses ya se habían ido a dormir, la conducción hasta Navalosa desde Valladolid con su churrasco, su arroz con leche y demás, y aquel último tramo a patita calle arriba. Casi nada.
Si hice esta mental enumeración fue porque, mientras sentía a mis progenitores resollando a mis espaldas, se me ocurrió que resultaría de lo más irónico que, tras jugar a ser Willy Fog en tres países distintos durante las últimas veinticuatro horas, con la plaza a tiro de piedra, mi viaje y esta entrada iban a terminar conmigo dando media vuelta para acercar al centro de urgencias más cercano a mi padre, a mi madre o a ambos.
Pero por suerte no se cumplió mi agorero presagio. Ningún miembro de mi familia requirió asistencia sanitaria aquella tarde, y una vez superado el último esfuerzo, llegamos a la fiesta de los Cucurrumachos:
¿Flipasteis con mi anterior post? Pues el de hoy no se va a quedar corto.
Desde el balcón, una mujer cuya identidad no pude reconocer hacía de maestra de ceremonias. Tras dedicar unos emotivos momentos a recordar a quienes ya no están, comenzó a recitar las coplas que describeron lo que contemplábamos asombrados:
Nuestras quintas, como siempre
muy contentas están
porque este año cumplen
su mayoría de edad.
Las citadas quintas, en el círculo central, danzaban en torno al chopo, rodeadas por los cucurrumachos. Éstos, a su vez, daban también vueltas agitando los cencerros que colgaban de sus cinturas.
Y yo creo que a estas alturas tengo que dar algunas explicaciones, ¿no?
Los cucurrumachos son unas criaturas que, desde hace la hostia de tiempo (perdonadme si me pongo muy técnico), toman Navalosa durante el domingo de carnaval para realizar un curioso ritual. Sus atuendos consisten en un mono de manta de pingo, una careta que suele incluir largas melenas y cuernos y un manojo de los ya citados cencerros. Algunos también portan horcas u otros aperos en los que lucen cráneos y huesos de animales a modo de macabra decoración.
La preparación de estos disfraces tiene lugar en algunas cocheras del pueblo, y tras ella los cucurrumachos se juntan en los pilones, desde donde parten hacia la plaza del ayuntamiento arrojando paja que guardan en sus morrales (esto es lo que nos perdimos. Maldita sea).
Las quintas, por otra parte, son las jóvenes que, vestidas de serranas, dan color a la fiesta con sus trajes regionales. Se encuentran acompañadas por otras mujeres, quintas de años anteriores o las madres de las protagonistas, portando el mismo tipo de traje rematado por un mantón de florido diseño:
Todos estos personajes rodean a la vaquilla, un joven situado al pie del chopo que los vecinos talaron la víspera y plantaron en la plaza. A la vaquilla no llegué a verla porque no me metí tanto en el barullo, pero la presencia del chopo era imposible de ignorar:
A la vaquilla, en esta liturgia, le espera un trágico final, tal y como describieron las coplas que pude escuchar con dificultad entre el barullo de los cencerros:
(inaudible) que es la vaquilla
que se vaya preparando
porque (inaudible) ya está
con la escopeta apuntando.
Despídete del novio si lo tienes,
de tus padres y familia,
que te van a dar dos tiros.
Eso por ser la vaquilla.
Lo de los dos tiros ocurrió de verdad. De escopeta y desde el balcón. Pero al aire, joder, que se trataba de algo simbólico:
La muerte de la vaquilla fue sólo momentánea. Siguiendo el ritual, cucurrumachos y quintas danzaron a su alrededor hasta lograr devolverle a la vida, tal y como dictaban las instrucciones recitadas por la maestra de ceremonias:
Dad unas cuantas vueltas
y que suenen los cencerros,
que tenemos que levantar
a esa vaquilla del suelo.
Ya resucitada la vaquilla, la misma intérprete de las coplas procedió a enumerar todos los artículos de comida y bebida que las quintas habían logrado recaudar de entre los vecinos durante el fin de semana (este aguinaldo es tan antiguo como la celebración misma) ante la atenta escucha de los allí presentes, y yo aproveché para sacar decenas de fotos. Os dejo unas pocas por aquí:
18 botes de tomate frito, 13 bolsas de frutos secos, 74 cajas de dulces, pastas, polvorones y bombones, 1 bizcocho casero...
...15 latas de atún, mejillones, champiñones y sardinas, 8 litros de aceite, 1 botella de vinagre, 6 paquetes de azúcar...
...paquetes pequeños de mermelada, 1 caldo de pollo, 4 paquetes de galletas saladas, 5 paquetes de arroz...
...1 bolsa de sal, 2 bolsas de chuches, 1 bote de mahonesa, 270 latas de cerveza...
...5 litronas, 17 botellas de vino, 4 garrafas de cinco litros de vino, 8 botellas de whisky...
...7 botellas de ginebra, 4 botellas de vodka, 7 botellas de ron, 2 botellas de licores...
...1 botella de ponche Caballero, 1 botella de tinto de verano, 26 botellas de Fanta de limón, 7 botellas de Fanta de naranja...
...41 botellas de Cocacola, 2 botes de Sprite, 4 botellas de sidra, 6 botellas de champagne...
...12 latas de refresco, 62 litros de leche, 1 litro de zumo, 5 delantales...
...20 cucharas, 600 servilletas, 679,01 euros y 525 huevos.
Tan curiosa lista de la compra dio paso a los últimos versos de la celebración:
Que los alrededores oigan
lo que estamos celebrando.
Damos un aplauso grande
a estas quintas tan guapas
que han disfrutado con orgullo
todo este fin de semana.
Feliz día para las quintas,
feliz día para el pueblo
y para todas sus familias.
¡Viva nuestro carnaval!
¡Viva Navalosa!
Los cucurrumachos se quitaron entonces sus pesadas caretas y permanecieron en la plaza manteniendo animadas conversaciones, y los integrantes del grupo cultural de dulzaineros "La Paramera" dieron los primeros compases para amenizar la chocolatada que comenzaba a tener lugar en la entrada del ayuntamiento. Algunas vecinas, animadas por la melodía procedente de la dulzaina, se pusieron a bailar, y yo sentí por primera vez el frío viento de la montaña. Que a lo mejor había estado ahí todo el tiempo, pero comprenderéis que no me diese cuenta de ello, ocupado como estaba en procesar todo lo que vosotros, imagino, estaréis procesando ahora.
Así que lo voy a dejar aquí. Además, poco me queda por contar. Mis padres y yo volvimos a casa encantados por haber participado en tan interesante evento, y yo no pude dejar de pensar en el atracón de hojuelas y torrijas que me iba a meter al día siguiente.
Si es que... Si no fuese porque hace un tiempo de mierda, el carnaval sería mi época favorita del año.
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