La acción transcurre en un patio. A la izquierda hay una hilera de jardineras blancas. En el centro, un embaldosado de disposición irregular. Y a la derecha, junto a un pozo cubierto por una gran chapa redonda y parcialmente oculto por una pileta que aparece en primer plano, hay una figura humana.
La imagen está siendo obtenida por mi padre, quien años antes de que transcurriesen los hechos que he comenzado a narrar compró una cámara de vídeo analógica a través de una caja de ahorros ya desaparecida. Al adquirir este bien de consumo le regalaron un juego de maletas que no tienen nada que ver con lo que pretendo contar, pero me gusta resaltar este detalle porque este es MI blog y aquí mando yo.
La cámara incluye funciones que van más allá del simple hecho de tomar imágenes, lo cual aporta un contexto a la historia. Por ejemplo, como el trasto permite imprimir la fecha sobre la película, en la esquina inferior derecha se muestra la inscripción "25 12 1999", verificándose así que la misma fue grabada hace décadas. Además, la imagen cuenta con un tinte verdoso fruto del uso de la visión nocturna de que dispone el artilugio.
Puedo afirmar entonces que se trata de una reunión familiar acontecida en Nochebuena y que són más de las doce.
El primer sonido que se escucha en esta película es la voz de mi padre, quien hace una observación acerca del mencionado prodigio tecnológico:
―Se ve como si fuera de día, macho.
Puede que sea una reflexión hecha en voz alta, o quizá se lo haya dicho a la figura que se muestra ante él. Dicha figura soy yo, y me encuentro encorvado (porque lo de la mala postura me viene de lejos) ante la tapadera del pozo:
El fotograma da fe de que la calidad del vídeo es malísima. La película original, registrada en una cinta VHS, junto con muchas otras que incluyen horas y horas de metraje obtenido durante diferentes acontecimientos domésticos, fue entregada a un supuesto profesional de la edición de imagen para su digitalización. El resultado de esta tarea fue desastroso: las tomas, que en formato analógico mostraban gran cantidad de detalle, han sido pasadas a digital con una definición paupérrima, y por si esto no fuera suficiente, faltan varios minutos de metraje a lo largo de la cinta debido a multitud de cortes abruptos que rompen la linealidad de las historias y hacen que muchos detalles se pierdan irremediablemente.
Cuando mi padre revisó el metraje en casa, acudió nuevamente al supuesto profesional para exigir explicaciones, pero éste justificó semejante chapuza con un "es que la máquina está estirando la cinta". Mi padre, en lugar de responder a tan barata excusa con un "estírame ésta, si ves que tal" (vale, esta contestación tan zafia se me acaba de ocurrir, aunque habría sido la hostia que lo hubiese dicho) solicitó una repetición del proceso. Lamentablemente, este segundo intento no dio un resultado mucho mejor.
Que yo podría haber hecho un esfuerzo por adecentar las capturas con un poco de edición de imagen, pero me da pereza. Así que con estos bueyes vais a tener que arar durante el resto de la entrada.
Volviendo a la escena, mi padre añade una segunda frase a su discurso:
―Cuidado, que jodes la tapa del pozo.
No hay duda que que esa frase sí que va dirigida a mí. Resulta que he colocado sobre la citada chapa una hueca torre de madera que elaboré días atrás y, sirviéndome de un mechero que no quiere darme su llama, estoy intentando prender un petardo alojado en su interior.
Yo, disfrutando del ejercicio de la pirotecnia. Hay que ver cómo hemos cambiado...
Haciendo caso de la paterna advertencia, procedo a cambiar de lugar la torre y me desplazo al extremo opuesto del plano. Durante mi recorrido, tropiezo con una tabla de madera que hay en el suelo; un gag fácil que provoca la aparición de risas de fondo.
No se trata de una pista de risas enlatadas. Son mis primos y tíos, que se encuentran fuera de plano detrás mi padre y están participando como público en el casero evento artificiero.
Finalmente, apoyo la torre en una de las jardineras:
―Vas a joder la maceta.
Esta nueva observación es pronunciada por uno de mis primos, pero a nadie más parece importarle que la integridad del elemento de jardinería esté en peligro. Mientras peleo con el agonizante mechero, uno de los adultos allí presentes me dice que tenga cuidado. Ante esta advertencia, mi primo apunta:
―No es de los que explotan. Es de los que hacen ñiiiii pum.
Tras aportar este tecnicismo, dialoga conmigo (que sigo intentando dar lumbre al puto mechero) buscando confirmación:
―¿Es uno gordo o es uno de ésos de lanzar?
―Uno gordo.
―Ah, joder.
Me rindo y me dirijo al lugar del patio donde se arremolinan mis expectantes familiares para que uno de ellos me haga entrega de un mechero funcional. Vuelvo entonces a situarme junto a la jardinera y la torre de madera y en ese momento mi padre estornuda como sólo puede estornudar un padre, provocando que tenga lugar una nueva ronda de carcajadas y que yo haga un jocoso comentario al respecto:
―Ése no estaba encendido.
Consigo prender al fin el petardo y salgo corriendo. La explosión, que apenas menea la torre de madera unos milímetros, no entusiasma a los presentes, y se escuchan algunos "meh" como reacción. Mi padre entonces inquiere:
―¿Cuál es el que ha reventado antes tanto?
―Uno de mecha negra ―respondo.
No hay registro audiovisual de la referida explosión, así que debo añadir detalles aquí. Los petardos "de mecha negra" son artefactos de gran potencia que he adquirido días antes en una tienda de artículos pirotécnicos, pues el quiosco que sumistra cohetes y petardos más flojitos no tenía permitida su venta. Su mecha, tal y como el sobrenombre indica, además de ser de color negro, es rígida, y bastante más larga y gruesa de lo habitual.
―Pues pon uno de mecha negra ―exhorta, en un alarde de responsabilidad, mi progenitor.
―No sé si va a caber en [CORTE]
Mi hermano se encuentra en el centro de la imagen:
Corretea unos instantes sobre el embaldosado irregular [CORTE]
Mi hermano, de nuevo y en primer plano, salta hacia la cámara y le propina un manotazo al objetivo:
Tras esta travesura, solicita a mi padre con su voz infantil que le deje grabar [CORTE]
Aparezco nuevamente, saliendo al patio desde el garaje y pasando entre mis primos y tíos. La cámara sigue mi desplazamiento mientras dialogo con mi prima acerca del material artificiero que traigo entre manos:
―Ése, ¿es de los de antes?
―No.
Llego al centro del patio [CORTE]
Sigo en el centro del patio y mi hermano pulula cerca pero huye ante la perspectiva de una nueva detonación. Sus risas demuestran que es el personaje que mejor se lo está pasando esa noche. Enciendo algo y me alejo corriendo del lugar buscando refugio:
La cámara recoge un fogonazo a ras de suelo cuyo brillo se ve incrementado por efecto de la visión nocturna:
Uno de mis primos rompe el silencio fruto de la ausencia de explosión por parte del brillante artefacto ya apagado:
―¡Pum!
La interjección provoca más risas entre los familiares [CORTE]
El petardo "de mecha negra" aparece en primer plano durante un instante:
Me dirijo con él al centro del patio [CORTE]
Estoy ahora junto a la pileta con el petardo de la mano. Mi primo se acerca a inspeccionarlo para después volver a buscar la protección de la puerta que da al patio mientras hace la siguiente observación:
―La mecha parece un cordon, me cago en... Parece un cordon, la mecha.
Mi hermano, pletórico, grita incongruencias, y yo me acerco con el petardo en la mano a la torre de madera que sigue reposando sobre la jardinera:
Mi hermano insiste en que quiere grabar, y mi padre hace un barrido que comienza donde me encuentro yo, pasa ante el infante y termina en la puerta del garaje que da al patio. Ahí se encuentran mis primos y tíos, apretujados como si fuesen los microbios que intentan entrar al organismo del Sr. Burns. Uno de mis primos indica a mi padre que no les enfoque a ellos y que me devuelva el plano mientras mi tío, a su lado, se tapa los oídos y encoge los hombros con un gesto de expectante pavor. Se produce entonces un barrido de vuelta hacia la jardinera y en ese momento cruzo corriendo ante la cámara tras haber encendido el petardo.
La torre de madera ocupa el centro de la imagen. De lo alto de la misma salen chispas fruto de la combustión de la mecha negra perteneciente al potentísimo artefacto que se encuentra en su interior a punto de estallar.
Todo el mundo guarda silencio ante el inminente bombazo [CORTE]
La cámara se mueve de lado a lado mientras va surgiendo un ruido de risas cada vez más fuerte.
―¿Qué ha pasao? ―pregunto.
―Han llegado trozos hasta aquí ―apunta mi prima.
La cámara pasa entre el pozo y la jardinera apuntando al suelo. Repartidos por éste hay varios trozos de madera.
La imagen ahora se dirige hacia la ventana de la cocina que da al patio [CORTE]
Un primer plano de la ventana de la cocina muestra que la persiana, completamente bajada, tiene un roto considerable que antes no estaba ahí:
A ambos lados del plano surgen sendas manos que señalan hacia el roto:
El murmullo de risas ha seguido creciendo hasta convertirse en una escandalosa risotada. Mi primo, tratando de sobreponerse, afirma:
―Han sido los atentados de [CORTE]
La jardinera vuelve a ocupar el plano. Se encuentra intacta pero no hay rastro de la torre de madera:
Mi padre realiza un barrido hacia la derecha. Me encuentro subido al brocal del pozo y estoy mirando a través del nuevo boquete de la persiana hacia el interior de la cocina:
Desciendo del brocal y camino hacia el centro del patio. Mi hermano, pletórico, comenta:
―El petardo ha hecho ¡ca-bum! [CORTE]
Estoy en el centro del patio, varios metros detrás de la hilera de jardineras, ante un delgado tubo de metal de mi altura sobre el que tiempo ha un pluviómetro indicaba la cantidad de lluvia caída. La rotura del enganche de dicho pluviómetro dejó parcialmente cegada la entrada del tubo:
Tras colocar un fuego de artificio sobre la cegada entrada del tubo y encenderlo, salgo corriendo, saltando por encima de las jardineras:
Es un cohete, que sale disparado y explota a varios metros del suelo. El cámara ha tratado de seguir su trayectoria sin éxito y ahora apunta durante un par de segundos a la copa del caduco manzano:
Ante este evento, mi primo comenta entre risas:
―El txupinazo de los sanfermines.
La cámara desciende de nuevo [CORTE]
El plano encuadra la parte del patio donde está el tubo de metal. Un artilugio pirotécnico más, sobre la tierra, termina de proyectar sus chispas. Llamo entonces a mi hermano para que se acerque conmigo a ver toda la tierra removida.
Tras realizar esta inspección, regresamos a la zona embaldosada y debatimos en qué sitio colocar el proximo petardo. Mi padre cree haber detenido la grabación pero no es así: la imagen, girada noventa grados, trepida y recoge imágenes de enclaves aleatorios del patio y de los familiares allí reunidos:
―En la papelera ―sugiero mientras señalo este elemento urbano que no sé cómo ha llegado hasta allí pero que meses más tarde hará las veces de tiesto donde crecerá una suculenta de gran tamaño.
―No fastidies, que rompes la papelera ―advierte mi progenitor tras enderezar la cámara―. Pon uno de los grandes en el tubo.
―No se puede ―respondo.
―¿Por qué?
―Porque el ése, lo del pluviómetro, lo de enganchar, esta ahí clavao.
Soy todo un erudito dando explicaciones. Por su parte mi hermano, inocentemente, sugiere que lo sitúe sobre una de las jardineras:
Decido que el mejor lugar para el ejercicio pirotécnico es el propio embaldosado.
―Vas a romper la baldosa ―alerta mi padre con preocupación.
―No, que son de las peonzas ―le tranquilizo.
―Y ésos, ¿que hacen? ―pregunta uno de mis primos, a quien su propio hermano se encarga de responder:
―Lo de bailar.
Me uno a su diálogo sentenciando:
―Lo mismo que éste.
Y arrojo uno en su dirección (sin encender, joder, que no soy un monstruo):
Procedo entonces a dar fuego al que está en el suelo y salgo corriendo nuevamente. Durante unos instantes se pueden apreciar muchas chispas que giran y dan sentido al sobrenombre "peonza" que acabo de utilizar:
Alguien declara que le parece muy bonito [CORTE]
Estoy de nuevo ante la vara de metal. Ahora las luces del cuarto que hay al fondo del patio están encendidas. Mi hermano se ríe de forma histérica haciendo el mismo sonido que uno de los cohetes que he estado tirando esa noche. Me aparto con cuidado del fuego de artificio recién prendido [CORTE]
Ahora me hallo junto a las jardineras, concentrado ante otro artificio que reposa sobre el tablón con el que tropecé al principio de esta escena. Escena que, reconocedlo, se os está empezando a hacer un pelín pesada. Lo enciendo y huyo una vez más:
Salen muchas chispas [CORTE]
Me encuentro ahora junto al tubo de metal queriendo encender otro petardo y por primera vez en la historia hago mención a "el rompepersianas" durante una conversación sin trascendencia que mantengo con alguien fuera de plano. Mis primos dialogan detrás de la cámara:
―¿Cuál es?
―Uno flojito.
Me aparto rápidamente y el petardo explota sobre el tubo. En efecto, es uno flojito.
―¿Pongo el rompepersianas ahí? ―pregunto a mi padre.
―Sí ―responde mientras vuelve a girar la cámara y se dirige al garaje, tomando sin pretenderlo una imagen en primerísimo plano que recorre los abrigos de los allí presentes. Desde la cochera, pregunta:
―¿Es de los que suben?
Mi respuesta negativa provoca que mi primo aclare:
―Es un rompepersianas.
―Es un rompepersianas ―confirmo.
Tras dudar por unos instantes sobre su localización, mi padre sentencia con vallisoletano leísmo:
―Ponle en la tierra.
―Sí, y terminamos todos como mineros ―apunto jocoso. La cámara continúa girada noventa grados:
Insiste entonces en que haga estallar "uno de los gordos" (él aún no ha empezado a hacer uso del término rompepersianas) en la tierra. Varios familiares nos acercamos al centro del patio mientras mi padre, que claramente no sabe que sigue grabando, apunta a las alturas con el zoom al máximo, provocando así que prestar atención a la escena constituya todo un desafío durante los siguientes segundos. Finalmente, me hace entrega de la videocámara mientras me pide que desactive la visión nocturna [CORTE]
La ventana cuya persiana se ha roto minutos atrás ocupa ahora el plano, pero la imagen está siendo obtenida desde dentro de la cocina:
La cámara se aproxima hacia el boquete y una mano corre la cortina para que el mismo se pueda apreciar con más detalle:
Mientras se lleva a cabo el registro audiovisual del desperfecto, puede oírse parte de la explicación de los hechos que estoy dando (leísmo vallisoletano incluido) a quienes, desde el interior y ajenos a la sesión pirotécnica, se han llevado un susto considerable por culpa de este incidente tan gracioso:
―...Pero le colocamos dentro una torre de madera y [CORTE]
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