viernes, 2 de octubre de 2026

Calculando el paso del tiempo

Durante la temporada escolar 2000-2001 cursé tercero de ESO. Además de saltarme la clase de inglés y perder el respeto de mis compañeros por contar con un gusto musical superior al de todos ellos, debí enfrentarme a una asignatura de matemáticas que empezaba a ponerse cuesta arriba de verdad.

La ayuda que necesitaba para llevar a cabo semejante esfuerzo lectivo tenía forma rectangular y se llamaba calculadora científica, y aunque mi domicilio familiar contaba con uno de estos artilugios, la antigüedad del mismo (que le daba un aire de lo más interesante, todo sea dicho), le restaba practicidad a la hora de seguir un currículo adaptado al recién estrenado milenio.

Voy a dejar que juzguéis vosotros mismos si mi última afirmación es correcta enseñándoos la máquina. Y es que, mientras escribo esta entrada, aquélla sigue rondando por casa de mis padres. No sólo eso. Contra viento, marea y ácido de baterías, la pobre aún muestra un hálito de vida cuando uno pone su interruptor en la posición ON:

Siempre que una calculadora cae en mis manos compruebo qué es lo que hace cuando la pongo a dividir entre cero. Ésta en concreto dice E. Bueno, con eso de que está vieja y el display multiplica el resultado, dice EEEEEEEEEEE y a mí me hace mucha gracia porque mi sentido del humor es bastante especialito

Es posible que el relativo buen estado del aparato se deba a que en las últimas décadas no ha salido de esta funda de polipiel:


Esta Casio fx-140 es propiedad de mi padre desde un lejano día de finales de los setenta en que se la regaló su hermano (la web computinghistory.org.uk dice que su manufactura data de mil novecientos setenta y ocho, así que la historia cuadra). Éste, a su vez, la adquirió durante su viaje de fin de carrera a las Islas Canarias, en una época en la que el afortunado archipiélago era el bazar de España debido a ventajas fiscales y tal.

Hace ya mucho que los viajes de fin de carrera cuentan con destinos como Cancún, Bali u otros enclaves aún más lejanos; y si uno viaja a Canarias hoy en día esperando chollos en tecnología, puede esperar sentado (al menos su atención sanitaria es envidiable. Doy fe de ello). Digo esto porque necesito dejar claro que, al menos para mí, la fx-140 siempre constituyó una antigualla propia de una época pasada que NO me tocó vivir. Muy clásica, muy útil, muy eficiente y lo que vosotros queráis, pero una antigualla. Y yo, aclaro por segunda vez en lo que va de entrada, no podía presentarme con ella en mi clase de matemáticas de tercero de ESO durante el curso 2000-2001.

Así que compré mis padres pagaron esta flamante Casio fx-115W S-V.P.A.M:

En este caso, una división entre cero arroja un Ma ERROR en la pantalla; y lo de S-V.P.A.M. no he sabido que significaba "Super Visually Perfect Algebraic Method" hasta hoy mismo que me ha dado por buscarlo

Dos líneas que mostraban al mismo tiempo la operación y el resultado de ésta, distintos colorines en función de la ídem matemática, una célula de energía solar para que no me quedase en bragas en mitad de un examen si fallaba la pila... Cuando me hice con este trasto estuve convencido de que adquiría un trozo de futuro. Además, nadie más la tenía, pues todos mis compañeros, carentes de personalidad ellos, acabaron haciéndose con la Casio fx-82 (bueno, todos no. Uno se presentó un día con una calculadora heredada como podría haber hecho yo, y el profesor de matemáticas le dijo que podría muy bien ser la calculadora de Pascal, pero que a aquellas alturas de la vida no le iba a llevar muy lejos).

Adquirí esta máquina tan chachi en la tienda de electrónica del centro comercial Vallsur de la que ya he hablado infinidad de veces en este blog (si Canarias era el bazar de España, aquel local era mi bazar particular), y durante los siguientes años fue mi fiel compinche cada vez que me tocaba enfrentarme a las razones trigonométricas, comprender qué eran la varianza, la desviación típica y demás morralla estadística, o contar hasta 1, hasta 7 o hasta F como hacen los ordenadores. Conceptos todos que a día de hoy, he de reconocer, ya se me han olvidado.

La teoría abandonó mi cerebro, pero la máquina se quedó en mi habitación entre otros tantos cacharros a la espera de que volviese a accionar sus teclas para enfrentarme a la ciencia de las cuentas. En su caso, la protección contra el paso del tiempo vino de mano de una tapa de plástico duro que ahora se muestra llena de arañazos causados tras entrar y salir cientos de veces en mochilas cargadas de material escolar y de realizar kilómetros de desplazamientos por mesas y pupitres:


Si hoy me he puesto a hablar de máquinas de hacer matemáticas muy rápido es porque, debido a razones que no os incumben, mi novia ha tenido que adquirir una calculadora científica para su propio uso. En dos mil veintiséis, un cuarto de siglo después de que yo comprase mis padres pagasen mi adorada Casio fx-115W S-V.P.A.M.

Y claro, me ha dado por hacer comparaciones. En primer lugar, los métodos de adquisición de ambos artículos: yo fui a una tienda física que ya no existe, interactué con un dependiente que ya estará jubilado o directamente muerto, quien abrió la caja de la calculadora delante de mis narices para confirmar que funcionase bien, aboné en metálico su precio y volví a casa. Por su parte, mi novia sólo necesitó abrir la web de Amazon, comprobar que las opiniones vertidas eran lo suficientemente positivas y, tras un puñado de clics, esperar a que una caja con esta TI-30X Pro MathPrint fuese depositada en nuestro buzón:

Error Division by 0 dice cuando, efectivamente, le pides que divida entre 0

En segundo lugar, he hecho una comparación entre el aspecto y la funcionalidad de su máquina y la mía. La recién llegada, si bien cuenta con la aburrida sobriedad propia de nuestro tiempo (hoy todos los edificios son grises, todos los coches son blancos y toda la ropa de H&M parece hecha para vestir soldaditos), sí que refleja cierta modernidad. Además, pesa menos que la mía y su display de puntos permite representar varias líneas, fracciones y hasta tablas de datos. Y sí, viene con una tapa de plástico incluida. Tapa evolucionada a la que le han salido cuatro topes de goma que sin duda ayudarán a limitar el número de rayones que mostrará su superficie cuando le toque entrar en matemático combate:


Mi novia ha adquirido un trozo de futuro, y yo he llegado a la inevitable conclusión a la que me han llevado las comparaciones que acabo de hacer: mi calculadora constituye una antigualla propia de una época pasada que SÍ me tocó vivir. Muy clásica, muy útil, muy eficiente y lo que vosotros queráis, pero una antigualla.

En otras palabras, que me he hecho mayor. Y esto es irrefutable, que lo dice una calculadora. Bueno, más bien lo dicen tres calculadoras.

Licencia Creative Commons