lunes, 7 de septiembre de 2026

En otro hemisferio. Epílogo repostero

Receta de tarta de Santiago. Versión extendida


Ingredientes:


  • 300 gramos de almendra molida
  • 300 gramos de azúcar
  • ralladura de 1 limón
  • 4 huevos grandes
  • mantequilla
  • azúcar glass


Preparación:


  1. Bajar a comprar los ingredientes durante la víspera con cierta prisa porque esto está siendo preparado un poco a última hora y aquí los sábados las tiendas cierran a las seis de la tarde.

  2. Querer comprar un molde de 25 centímetros de diámetro porque el que hay en casa es de 27 centímetros de diámetro y uno no sabe si la tarta va a quedar muy baja. Cagarse en todo al descubrir que el único molde a la venta mide 22 centímetros de diámetro y confiar en que esto no termine en desastre.

  3. Buscar en internet, descargar, imprimir y recortar una cruz de Santiago que se usará para decorar la tarta. No pongo el enlace a la cruz aquí porque si este paso empieza con la palabra "buscar", por algo será. Que lo queréis todo hecho, coño.

  4. A la mañana siguiente, salir a correr al monte porque es domingo y no llueve. Pasar un rato por allá arriba esquivando senderistas y agradecer vivir en una ciudad que cuenta con esta clase de enclaves:




  5. Durante el camino de vuelta a casa, pasar por la panadería para comprar el pan que acompañará a la desayunomida. Sentirse fatal mientras se espera a que llegue el turno por haber entrado en el local todo sudado y oliendo como una pantera.

  6. Una vez en casa, ducharse.

  7. Desayunomer unos huevos fritos con bacon y torreznos:


  8. Dormir una hora de siesta.

  9. Mezclar en un cuenco grande la almendra molida, el azúcar, los cinco huevos medianos porque vale que la receta dice cuatro grandes, pero ayer no tenían huevos grandes en la tienda y la ralladura de limón. Limón que, mira tú qué casualidad y qué huella ecológica más bonita nos está quedando, viene de Argentina:


  10. Precalentar el horno a 180 grados aunque aún quede mucho para meter la tarta en el mismo porque uno nunca sabe cuándo hacer esto y al final acaba poniendo el horno en marcha media hora antes de lo que debería.

  11. Untar el molde de mantequilla y verter en él la mezcla del paso 9. Descubrir que el molde es muy grande y pasar la mezcla de nuevo al cuenco.

  12. Añadir a la mezcla otros 50 gramos de azúcar que no aportan gran cosa al volumen pero le darán un sabor extra dulce a la tarta; hecho del que nadie se quejará a la hora de comerla.

  13. Verter por segunda vez la mezcla en el molde. Molde que ya no está tan bien engrasado de mantequilla y del que será complicadísimo separar la tarta una vez hecha.

  14. Meter el molde con la mezcla al horno.

  15. Durante los siguientes minutos, y con la intención de comprobar si la tarta está lista, clavar un tenedor en la tarta y sacarlo manchado de masa aún cruda. Ignorar que es el centro de la tarta el que no quedará cubierto de azúcar glass al poner la cruz encima y clavar el tenedor justo ahí, lo que hará que el postre cuente con varias feas puñaladas bien visibles al final del proceso.

  16. Pasados 30 minutos, sacar la tarta del horno y concluir que 25 minutos habrían sido suficientes.

  17. Mientras se enfría la tarta, ir en bici a casa de una amiga que vive en la otra punta de la ciudad y está de vacaciones estos días para echar un ojo a sus gatas porque ha prometido que a cambio traerá un principito en estonio y otro en letón.

  18. De vuelta de este recado, con la tarta ya fría, colocar en el centro de la misma la cruz del paso 3 y espolvorear azúcar glass hasta cubrir toda la parte superior del postre.

  19. Por último, ser un manazas al retirar la cruz y arruinar el dibujo que queda debajo:

Y ahora, como en toda receta existente en internet, os voy a contar mi vida.

Como podéis ver, la tarta de Santiago es un postre sencillísimo de preparar que os puede sacar de un apuro si tenéis un plan de última hora y necesitáis quedar bien. En mi caso, y al haberse dado la tremenda casualidad de que en el verano en el que me ha dado por hablaros sobre mi viaje a Argentina se haya celebrado un mundial de fútbol, las selecciones roja y albiceleste hayan llegado a la final, y Lucre me haya preguntado el día antes de que la misma se disputase si quería ir a su casa a ver el partido con ella y con su marido, añadiendo que va iba a preparar chipás, pues no habría sido correcto presentarse allí de manos vacías, ¿verdad?

Del partido-evento sólo voy a destacar, más como recordatorio para mi yo futuro que como broma que la mayoría no vais a pillar, que Robbie Williams era clavado al personaje de Los Soprano Paulie Gualtieri. Todo lo demás ya lo sabéis porque durante aquellos días tuvimos fútbol hasta en la sopa, así que pasaré por alto que vimos el encuentro a través de su ordenador conectado a la tele y sintonizando "alegalmente" una cadena argentina (es que el comentarista de la austriaca ORF era tan soso que parecía estar retransmitiendo un funeral de estado, no me jodáis), los pormenores del mismo, el resultado, o que todo ello me ha dado para colaros una entrada a mayores sobre esta serie que contaba con haber dado por finiquitada la semana pasada, pero que, ahora sí que sí, os lo prometo, se acabó.

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