lunes, 24 de agosto de 2026

En otro hemisferio. El viaje

En mi anterior entrada, mientras realizaba un enrevesado ejercicio narrativo con el que fingía no contaros detalles acerca del día que viajamos de Mar del Plata a Buenos Aires aunque en realidad sí que lo estaba haciendo (soltándoos una turra estupenda durante el proceso, he de reconocer), hablé sobre el piso en el que vivió Mafalda. Minutos antes de pasar por delante de su portal, recorrí el cercano Paseo de la Historieta, el cual cuenta con esculturas de conocidos personajes del cómic argentino (faltaba la de Gaturro, y este artículo da detalles al respecto. La historia es hilarante y yo la descubrí recientemente de boca de la hermana de Lucre). Además de estas tridimensionales representaciones, una de las esquinas de la zona mostraba el siguiente mural:


A pesar de que no sería capaz de nombrar a más de la mitad de protagonistas de la imagen porque no soy tan listo como finjo serlo, uno de ellos en particular tiene bastante peso en ese traumatizado generador de entradas para el blog también conocido como "mi memoria". Y como tal se lo hice saber tiempo atrás a Lucre durante una de nuestras conversaciones sobre cultura hispanoargentina:

—A nivel audiovisual, lo único que conozco de tu país es la película Trapito.

Lucre reaccionó con cierta estupefacción ante este hecho, pues la consideraba una obra vieja no ya para nuestra generación, sino directamente para la de sus padres. Y es que Trapito, además de ser el nombre que reciben los gorrillas en Argentina porque llevan en la mano un identificativo ídem para dar las indicaciones de estacionamiento correspondientes, es una película que cuenta con la friolera de cincuenta y un años.

¿Cómo pudo entonces llegar a mi vida esta cinta animada? La respuesta a esta pregunta vino de regalo con la revista Crecer Feliz (O Ser Padres Hoy. Una de las dos). Y es que, en algún momento de finales de los ochenta o principios de los noventa, la publicación con VHS incluido viajó del quiosco a mi casa y desde entonces pasó a formar parte de nuestra videoteca familiar.

Yo tenía pensado poner aquí una foto de la ajada cinta de Trapito que debe rondar por algún rincón de casa de mis padres e incluir como pie de foto el comentario "Otra película que conseguí por el mismo método fue la del osito Kissifur porque a alguien en esta revista le gustaba traumatizar a la infancia o algo", pero no he logrado dar con ella. Quizá esté en el trastero.

Es posible que, entre alguno de sus artículos, la publicación llegase a hablar de esa fase durante el desarrollo de los críos en la que se obsesionan con una puta película y no hacen otra cosa que verla una y otra vez para desgracia de quienes tienen que compartir tiempo y espacio con ellos. Bueno, pues a mí la llegada de Trapito me pilló durante dicha fase, por lo que me quedaría corto si dijese que pude visualizarla más de cien veces.

Considerando lo dicho hasta ahora, está claro que yo tenía que hablar aquí de la peli protagonizada por el triste espantapájaros argentino. A este hecho habría que añadirle que a mí se me arruina la tarde si no me complico la vida. Por ello, y tratando de añadirle más capas a esta historia, reflexioné acerca de cómo he pasado los últimos dos meses y medio compartiendo con vosotros anécdotas sobre mi viaje (amén de otros detalles que no han tenido nada que ver con el mismo porque a mí se me arruina la tarde si no me voy por las ramas), y pensé que la de Trapito también es la historia de un viaje. Es la historia de todos los viajes.

Es el viaje del héroe.

Quizá no estéis al tanto del concepto, pero sabéis de sobra de qué estoy hablando porque habéis sido testigos de ello más veces de las que yo he rebobinado aquel VHS que regalaron con Crecer Feliz (o con Ser Padres Hoy. Con una de las dos): un protagonista que se va de su casa, o de su pueblo, o de su planeta (quizá contra su voluntad) para enfrentarse a vete tú a saber qué peligros. Tras superarlos, y gracias a las experiencias o recompensas adquiridas, cuando vuelva al punto desde el que partió lo hará siendo dueño de una transformación especial o un crecimiento personal y tal.

Ulises en La odisea, Frodo en El señor de los anillos, Mérida en Brave, Luke Skywalker en La guerra de las galaxias, Chihiro en El viaje de Chihiro, Furiosa en Mad Max: fury road, Simba en El rey león, Kevin Flynn en Tron, Sam Flynn en Tron legacy, nadie en ese cacao argumental que es Tron ares... Estos ejemplos y miles más completan, en mayor o menor medida, este viaje que yo os he resumido mucho y mal en el párrafo anterior. Quien se dedicó a elaborar y desarrollar en detalle este concepto fue el mitólogo Joseph Cambell en Su libro de 1948 El héroe de las mil caras. Y no sólo enumeró las diferentes etapas del viaje, sino que echó mano de decenas de ejemplos de varias épocas y civilizaciones para ilustrarlo: epopeyas, leyendas, pasajes religiosos, mitos... Todos ellos historias que acaban contando la misma historia.

Su trabajo sirvió como inspiración a guionistas y escritores durante las décadas posteriores. Entre ellos, claramente, el argentino Manuel García Ferré, creador de Trapito.

Porque Trapito es un viaje del héroe de manual. Y aquí está la complicación que estaba buscando. Que podría haber echado mano de la página de Wikipedia sobre el campbelliano concepto y comparar las fases en ella descritos con la película de dibujos pero, teniendo como tuve cuatro tardes libres allá por mayo, ¿por qué no enmierdarme en condiciones leyéndome El héroe de las mil caras y así poder meter más paja en esta entrada?

Vale, el texto me pareció muy interesante, y en ciertos momentos llegaba a ser revelador, mostrándome puntos de vista acerca del monomito (así es como llama Campbell al periplo del héroe) en los que yo no había reparado. Sin embargo, su empeño con querer relacionar todo esto con el psicoanálisis de Freud, las teorías de Jung y la interpretación de sueños... Pues mira, yo creo que no era necesario fliparse tanto.

Pero bueno, ahora que ya he presumido de haberme leído UN libro, ¿voy a plasmar aquí un sesudo estudio analizando el contenido del mismo como si esto fuese una conferencia universitaria?

Por supuesto que no. ¿Quién os habéis creído que soy?

Lo que voy a hacer es contaros Trapito. Y si os asustan los spoilers, sabed que la peli está disponible en Youtube. Que digo yo, si estáis aquí es porque no tenéis nada mejor que hacer, así que no pasa nada porque le dediquéis la siguiente hora y poco de vuestras vidas antes de seguir leyendo.

Lo he dicho ya, pero tengo que comenzar esta larguísima sinopsis diciendo otra vez que Trapito es un espantapájaros, un trabajo de mierda que le obliga a pasar la eternidad clavado en la tierra, triste y resignado.

fuente: youtube

Un día en el que hace un tiempo especialmente horrible contempla cómo el gorrión Salapín, agotado de volar contra el fuerte viento, cae exhausto a sus pies. Apiadándose del desmayado pájaro, Trapito lo rescata metiéndolo en su bolsillo, donde pasará el resto del invierno protegido de las inclemencias.

Con la llegada de la primavera, Salapín despierta y, como agradecimiento por haberle salvado la vida, le sugiere que abandone su puesto en la huerta y recorra el mundo con él. Se produce así la llamada de la aventura, el primer paso en el viaje del héroe. Trapito le responde que ni de coña, que su destino es quedarse clavado donde está (o sea, el rechazo a la llamada), pero Salapín termina de convencerle: una canción sobre tener ilusiones (porque Trapito es un musical) y un pinchazo de alfiler en el culo sacan al protagonista de su agujero en la tierra.

fuente: youtube

Los dos inician entonces el periplo, teniendo como primera parada del mismo la morada del Patriarca de los Pájaros: un viejo búho que, asustado al principio al ver congeniar a dos enemigos como son un ave y su espantador, cambia de idea al enterarse de cómo empezó la peli. Procede entonces a pesar a Trapito en la balanza de la vida, y aquí se descubre que aunque le sobran bondad, valor e inteligencia, no tiene ilusiones.

fuente: youtube

Para poner remedio a tan deprimente carencia, sentencia que Salapín sea su ilusión, pues tiene de sobra. Le advierte, eso sí, que no la deje escapar.

Tras haber vivido lo que Campbell describe como la ayuda sobrenatural, ambos personajes vuelven a ponerse en marcha. Por accidente, terminan en la granja de Larguirucho, quien, por cierto, tiene estatua propia en el Paseo de la Historieta (al contrario que Gaturro, insisto entre risas):


Larguirucho les relata (bueno, más bien les canta, que ya os he dicho que Trapito es un musical) cómo decidió dejar de ser alguien triste y comprarse la granja que le dio sentido a su vida (después de varios años trabajando para este sistema tardocapitalista alienante, he de decir que siento cada vez más empatía hacia tal idea). Una vez termina el beatus ille de Larguirucho, Salapín sugiere que Trapito y él vayan a conocer el pueblo. El granjero, que tiene que ir allí a vender unos quesos, se ofrece a llevarles en su carromato, en el que también viajan, no sé muy bien por qué, la chancha y su hijo el chanchito:

fuente: youtube

Se da entonces el cruce del primer umbral, pues el héroe se aleja de su entorno conocido y llega a un lugar de aventuras. A esta etapa del viaje le seguirán otras dos: el vientre de la ballena y las distintas pruebas. Vamos, la chicha de la historia: un tránsito mental y/o físico a lugares remotos llenos de peligros y pruebas a superar.

Decidme si algo así no describe a la perfección todo lo que ocurre durante los siguientes minutos de película: Larguirucho vende su mercancía y usa las ganancias para invitar a todos a comer. Un cuervo aparece en el restaurante y, distrayendo a la pandilla con una canción, el muy hijoputa roba el dinero a Larguirucho. El mesonero, como forma de cobro temporal, se queda con la chancha, dándole al granjero una semana de plazo para poder pagar. Éste, buscando obtener dinero, consigue trabajo en una carpintería del pueblo.

Su primer encargo será una pata de palo para el pirata Malapata, a quien se le ha roto la que tenía. Tras fabricarla (de esto se encargarán Trapito y Salapín, ya que Larguirucho demuestra ser un patoso que acaba en guerra con un cubo de pegamento. Contado no tiene gracia, pero si veis la escena os vais a caer de culo de la risa. Palabra), se dirige con la prótesis embalada al puerto, haciendo parada en el mesón para indicarle al dueño que pronto podrá saldar su deuda. Por desgracia, abandona la fonda con el paquete equivocado, haciendo entrega al pirata de un jamón.

He de confesar que nunca lo he pasado bien al llegar a este punto de la trama porque este tipo de complicaciones, aunque muy habituales en el mundo audiovisual, me ponen especialmente nervioso.

Malapata, tremendamente ofendido, hace apresar a Larguirucho y al chanchito, coloca a Trapito como mascarón de proa en su barco, y se hace a la mar.

fuente: youtube

Ya iniciada la travesía, y en la supuesta intimidad de su camarote, le confiesa al cuervo Ataúlfo (que es, por cierto, el hijoputa que robó a Larguirucho) el motivo de la expedición: resulta que tiempo atrás le robó a un pescador una perla con forma de lágrima y el plano que marca la localización de la misma y de muchas más. Su plan consiste pues en rescatar el tesoro sin decirle nada a nadie porque se las quiere quedar todas, pero los marineros Barlovento y Vientoempopa, pegando la oreja del otro lado de la puerta, se enteran de todo. Deciden entonces organizar un motín que sigue la mitad de la tripulación, el cual termina en batalla a bordo cuando la otra mitad, leal a Malapata, contraataca.

Aprovechando el follón, Salapín libera a sus amigos y pide a Larguirucho que se haga con un bote para escapar, pero el muy torpe (ya os lo he dicho) corta la soga equivocada. Provoca así que una de las velas caiga sobre la cubierta y atrape a todos los marineros. Y Malapata, agradeciéndole que haya dominado el motín, le nombra contramaestre principal.

Pues eso, el vientre de la ballena y las distintas pruebas, ¿no?

El navío llega al lugar marcado por el plano, y Larguirucho y Trapito se zambullen en busca del tesoro, enfrentándose así a la gran prueba. La idea original (localizar y subir al barco las perlas) se complica cuando hace aparición la sirena Espumita. Campbell incluye un paso a esta altura del viaje al que llama el encuentro con la diosa, en el cual el héroe descubre la entrega máxima e incondicional, y yo creo que lo que ocurre se ajusta bastante. Espumita les cuenta (bueno, les canta. Lo del musical y tal) cómo vivía feliz hasta hace no mucho con su novio Caballito (sí, un caballito de mar. No le deis vueltas a esto), pero un pulpo enorme llegó al arrecife y empezó a joder a sus habitantes. Como respuesta, Caballito organizó una milicia y se fue a buscar al pulpo al pecio en el que vivía con la intención de darle las suyas y las del ídem, pero cayó en una trampa del cefalópodo, quedando preso de éste. Espumita, triste por la desaparición de su amado pero esperanzada ante su posible regreso, decidió sacar partido a su pena llorando valiosas lágrimas de cristal que podría usar en el futuro para pagarse una hipoteca o algo así. La verdad es que no da muchos detalles al respecto.

fuente: youtube

Trapito y Larguirucho, conmovidos, deciden que al pirata le pueden ir dando por saco y que su deber es rescatar a Caballito (lo de la entrega incondicional y eso). Acuden pues al pecio y, pese a lo peligroso de la situación, logran que el animal enrede sus tentáculos en distintos rincones del barco hundido y quede así inmovilizado. Caballito, liberado, se reencuentra con Espumita, quien agradecida les entrega a los dos salvadores sendas lágrimas como recuerdo.

Todo esto, añado yo, tiene lugar en las profundidades marinas. Y si tenemos en cuenta que esta parte del "viaje" se enmarca en el descenso al abismo, pues... Bien traído, ¿no?

Por otra parte, vale que os he pedido que no le deis vueltas, pero no puedo evitar pensar en ello. ¿Qué coño sale de cruzar una sirena y un caballito de mar? Yo creo que, si en vez de Manuel García Ferré, el director hubiese sido Guillermo del Toro, habríamos salido de dudas de manera innecesariamente gráfica.

En fin, sigo.

Los dos amigos vuelven a la superficie y niegan la existencia de las perlas, pero Ataúlfo descubre la que esconde Larguirucho y se chiva al capitán (pero qué tirria le tengo al puto cuervo, en serio). Harto de no recibir más que traiciones de quienes le rodean, Malapata decide ir a por las perlas él mismo, acompañado de Ataúlfo. Sin embargo, una vez sumergidos, sufren el ataque del pulpo, que aún enganchado a los restos del naufragio, persigue a pirata y cuervo hasta que desaparecen por el horizonte.

fuente: youtube

Larguirucho, haciéndose con el control del barco pirata, libera a la tripulación encarcelada a causa del motín y ordena volver a puerto, pues debe usar la lágrima de cristal como pago para recuperar a la chancha.

Se produce entonces el regreso: tras las aventuras vividas, el héroe vuelve al lugar del que partió, pero en Trapito se da una variación que me descoloca mucho. Y no sólo a mí. Mi novia vio la peli conmigo hace poco porque a veces se deja arrastrar por mis mierdas (también accedió a tragarse varias de las de submarinos, la pobre) y hemos hablado de este tema unas cuantas veces desde entonces: uno espera que Trapito, tras tantas aventuras y peligros, retorne de su periplo con alguna enseñanza que poder aplicarse a sí mismo o con alguna recompensa vital, pero no parece ser así. Y es que, tras despedirse de Larguirucho, el protagonista continúa su camino de descubrimientos acompañado de Salapín, pero éste se da de bruces con una pájara y, adelantando por la derecha a Ataúlfo en eso de ser un mierdas, se larga volando con ella, abandonando a un más triste que nunca Trapito, quien decide volver a enterrar sus pies en la huerta convencido de que nunca debió salir de ella.

Y mi novia y yo: PERO BUAT DEFAC. Sí. como el meme de Íker Jiménez que atesoro desde dos mil dieciocho porque los de mi generación somos comisarios de memes y vídeos de Youtube:

fuente: tumblr
PERO BUAT DEFAC

En serio, ¿qué cojones le pasa al puto pájaro? Mucho calentarse el pico con "vamos Trapito, vamos, que tú y yo tenemos que vivir aventuras" y tal, y luego le deja tirado cuando se le cruza un par de tetas.

Vale que el Patriarca de los Pájaros pasa por allí y le recuerda al hundido espantapájaros eso de que las ilusiones pueden salir volando y tal, pero no me jodas. Además, esto no anima a Trapito en absoluto, y el pobre no cambia de idea, tirándose así todo el invierno sin moverse del sitio.

Que esto me hace pensar en otro detalle en el que no reparé cuando vi la peli de niño decenas de veces porque mi cerebro no se dedicaba a darle vueltas a esta clase de cosas: Trapito rescata a Salapín en invierno, los dos personajes comienzan la aventura al comienzo de la primavera, encontrándose enseguida con Larguirucho, y toda la acción posterior transcurre durante los siete días de plazo que les da el mesonero. Entonces, ¿cómo coño vuelve a ser invierno otra vez? ¿O es que esta peli transcurre en un mundo de estaciones irregulares como el de Canción de hielo y fuego?

En fin, que llega entonces la primavera y vuelve el pajarraco, acompañado esta vez de la pájara y de una prole que ríase usted de las familias del Opus Dei, invitando a Trapito a unirse a ellos una vez más.

fuente: youtube

Y el prota, en vez de decirle a Salapín, como todos estábamos deseando, que él y su familia numerosa se pueden ir a zurrir mierdas con un látigo, abandona nuevamente el hoyo para corretear alegre por los trigales. FIN.

fuente: youtube

¿Cómo os habéis quedado? ¿Os cuadra este final con el viaje del héroe? Porque a mí no. Que igual aquí hay moralejas sobre perdonar a los demás (y sobre ser un poquito parguela también, la verdad) o sobre no tener las expectativas muy altas y yo no soy capaz de verlas, pero la actitud de Trapito me descoloca. Y como si del propio pirata Malapata se tratase, creo que la peli se queda coja por no tener un remate adecuado. 

¿Sabéis qué más se va a quedar cojeando? Esta entrada (bueno, más bien, esta serie de entradas sobre mi viaje a Argentina, que ya casi hemos terminado), que no se me ha ocurrido una manera ingeniosa de acabarla.

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