lunes, 23 de febrero de 2026

Un carnaval español

Tirarse siete años viviendo en Irlanda y seis en Austria (que se dice pronto) es lo que tiene, que uno se termina acostumbrando a culturas en las que la comida más importante del día comprende veinte tristes minutos para ventilarse un aún más triste sándwich, y luego es difícil tener en cuenta el tiempo que lleva enfrentarse a un menú del día patrio, con su primero, su segundo, su postre y su café.

Sirva este extraño arranque de entrada para justificar por qué mis padres y yo llegamos tarde a Navalosa. Que yo en principio lo tenía bien calculado: saliendo de casa a tal hora daría tiempo de sobra para asistir incluso a las preparaciones del evento que allí nos esperaba y tal. Pero el revuelto de setas, el churrasco de ternera con patatas, el arroz con leche y el café con ídem le pusieron la zancadilla a mi reloj mental. Por ello, mientras enfilábamos la segunda mitad de la ruta por carreteras secundarias que aún chorreaban tras semanas de borrascas encadenadas, escuchando un partido de Liga por la radio porque en el puerto de Menga sólo se sintoniza Radio Nacional, los vecinos del municipio abulense ya habían empezado la fiesta.

Esta foto se la he robado a mi madre, que la hizo con su móvil desde el asiento de atrás mientras el Rayo le clavaba el segundo gol al Atleti

Cuando por fin llegamos y dejamos el coche estacionado a la entrada del pueblo sobre la acera (¿ilegal? Sí. Pero es que, considerando la afluencia de vehículos, sólo quedaba sitio para aparcar en las aceras, sobre los tejados o en las copas de los árboles. Y el Citröen C3 de mis padres no tiene tanta tracción), la megafonía que llegaba a nuestros oídos desde el ayuntamiento se dedicaba a darle las gracias a los allí presentes.

Aún nos separaban de la casa consistorial unos quinientos metros a pie por callejuelas que serpenteaban en cuesta. Temeroso de alcanzar aquella meta no ya tarde, sino DEMASIADO tarde, quise apretar el paso, considerando que enfrentarme a un desafío como aquél es el motivo por el que todos los días subo por las escaleras hasta mi domicilio en la sexta planta y corro por el monte austriaco los domingos que no llueve.

Pero mis padres no se pasan la vida dándole vueltas a esta clase de chorradas. Como cualquier persona en sus cabales, ellos eligen ascensor cuando tienen opción y no se comportan como cabras, así que a causa de la falta de práctica, aquella cuesta arriba comenzaba a ser DEMASIADO cuesta arriba para ellos.

Pensé entonces en los desplazamientos que llevaba realizados desde el día anterior: el paseo de quince minutos entre mi casa y la estación de tren, el trayecto hacia el aeropuerto que incluyó transbordo en autobús porque la vía está en obras o algo así, el vuelo a Munich, las tres horas y media en el aeródromo alemán porque este año me toca vivir una interminable escala detrás de otra, el segundo vuelo, esta vez con destino Madrid, el trayecto en coche de madrugada hasta Valladolid porque mi hermano me hizo el favor de ir a buscarme a Barajas a una hora a la que tanto trenes como autobuses ya se habían ido a dormir, la conducción hasta Navalosa desde Valladolid con su churrasco, su arroz con leche y demás, y aquel último tramo a patita calle arriba. Casi nada.

Si hice esta mental enumeración fue porque, mientras sentía a mis progenitores resollando a mis espaldas, se me ocurrió que resultaría de lo más irónico que, tras jugar a ser Willy Fog en tres países distintos durante las últimas veinticuatro horas, con la plaza a tiro de piedra, mi viaje y esta entrada iban a terminar conmigo dando media vuelta para acercar al centro de urgencias más cercano a mi padre, a mi madre o a ambos.

Pero por suerte no se cumplió mi agorero presagio. Ningún miembro de mi familia requirió asistencia sanitaria aquella tarde, y una vez superado el último esfuerzo, llegamos a la fiesta de los Cucurrumachos:


¿Flipasteis con mi anterior post? Pues el de hoy no se va a quedar corto.

Desde el balcón, una mujer cuya identidad no pude reconocer hacía de maestra de ceremonias. Tras dedicar unos emotivos momentos a recordar a quienes ya no están, comenzó a recitar las coplas que describeron lo que contemplábamos asombrados:

Nuestras quintas, como siempre
muy contentas están
porque este año cumplen
su mayoría de edad.

Las citadas quintas, en el círculo central, danzaban en torno al chopo, rodeadas por los cucurrumachos. Éstos, a su vez, daban también vueltas agitando los cencerros que colgaban de sus cinturas.

Y yo creo que a estas alturas tengo que dar algunas explicaciones, ¿no?

Los cucurrumachos son unas criaturas que, desde hace la hostia de tiempo (perdonadme si me pongo muy técnico), toman Navalosa durante el domingo de carnaval para realizar un curioso ritual. Sus atuendos consisten en un mono de manta de pingo, una careta que suele incluir largas melenas y cuernos y un manojo de los ya citados cencerros. Algunos también portan horcas u otros aperos en los que lucen cráneos y huesos de animales a modo de macabra decoración.


La preparación de estos disfraces tiene lugar en algunas cocheras del pueblo, y tras ella los cucurrumachos se juntan en los pilones, desde donde parten hacia la plaza del ayuntamiento arrojando paja que guardan en sus morrales (esto es lo que nos perdimos. Maldita sea).

Las quintas, por otra parte, son las jóvenes que, vestidas de serranas, dan color a la fiesta con sus trajes regionales. Se encuentran acompañadas por otras mujeres, quintas de años anteriores o las madres de las protagonistas, portando el mismo tipo de traje rematado por un mantón de florido diseño:


Todos estos personajes rodean a la vaquilla, un joven situado al pie del chopo que los vecinos talaron la víspera y plantaron en la plaza. A la vaquilla no llegué a verla porque no me metí tanto en el barullo, pero la presencia del chopo era imposible de ignorar:


A la vaquilla, en esta liturgia, le espera un trágico final, tal y como describieron las coplas que pude escuchar con dificultad entre el barullo de los cencerros:

(inaudible) que es la vaquilla
que se vaya preparando
porque (inaudible) ya está
con la escopeta apuntando.
Despídete del novio si lo tienes,
de tus padres y familia,
que te van a dar dos tiros.
Eso por ser la vaquilla.

Lo de los dos tiros ocurrió de verdad. De escopeta y desde el balcón. Pero al aire, joder, que se trataba de algo simbólico:


La muerte de la vaquilla fue sólo momentánea. Siguiendo el ritual, cucurrumachos y quintas danzaron a su alrededor hasta lograr devolverle a la vida, tal y como dictaban las instrucciones recitadas por la maestra de ceremonias:

Dad unas cuantas vueltas
y que suenen los cencerros,
que tenemos que levantar
a esa vaquilla del suelo.

Ya resucitada la vaquilla, la misma intérprete de las coplas procedió a enumerar todos los artículos de comida y bebida que las quintas habían logrado recaudar de entre los vecinos durante el fin de semana (este aguinaldo es tan antiguo como la celebración misma) ante la atenta escucha de los allí presentes, y yo aproveché para sacar decenas de fotos. Os dejo unas pocas por aquí:

18 botes de tomate frito, 13 bolsas de frutos secos, 74 cajas de dulces, pastas, polvorones y bombones, 1 bizcocho casero...


...15 latas de atún, mejillones, champiñones y sardinas, 8 litros de aceite, 1 botella de vinagre, 6 paquetes de azúcar...


...paquetes pequeños de mermelada, 1 caldo de pollo, 4 paquetes de galletas saladas, 5 paquetes de arroz...


...1 bolsa de sal, 2 bolsas de chuches, 1 bote de mahonesa, 270 latas de cerveza...


...5 litronas, 17 botellas de vino, 4 garrafas de cinco litros de vino, 8 botellas de whisky...


...7 botellas de ginebra, 4 botellas de vodka, 7 botellas de ron, 2 botellas de licores...


...1 botella de ponche Caballero, 1 botella de tinto de verano, 26 botellas de Fanta de limón, 7 botellas de Fanta de naranja...


...41 botellas de Cocacola, 2 botes de Sprite, 4 botellas de sidra, 6 botellas de champagne...


...12 latas de refresco, 62 litros de leche, 1 litro de zumo, 5 delantales...


...20 cucharas, 600 servilletas, 679,01 euros y 525 huevos.

Tan curiosa lista de la compra dio paso a los últimos versos de la celebración:

Que los alrededores oigan
lo que estamos celebrando.
Damos un aplauso grande
a estas quintas tan guapas
que han disfrutado con orgullo
todo este fin de semana.
Feliz día para las quintas,
feliz día para el pueblo
y para todas sus familias.
¡Viva nuestro carnaval!
¡Viva Navalosa!

Los cucurrumachos se quitaron entonces sus pesadas caretas y permanecieron en la plaza manteniendo animadas conversaciones, y los integrantes del grupo cultural de dulzaineros "La Paramera" dieron los primeros compases para amenizar la chocolatada que comenzaba a tener lugar en la entrada del ayuntamiento. Algunas vecinas, animadas por la melodía procedente de la dulzaina, se pusieron a bailar, y yo sentí por primera vez el frío viento de la montaña. Que a lo mejor había estado ahí todo el tiempo, pero comprenderéis que no me diese cuenta de ello, ocupado como estaba en procesar todo lo que vosotros, imagino, estaréis procesando ahora.

Así que lo voy a dejar aquí. Además, poco me queda por contar. Mis padres y yo volvimos a casa encantados por haber participado en tan interesante evento, y yo no pude dejar de pensar en el atracón de hojuelas y torrijas que me iba a meter al día siguiente.

Si es que... Si no fuese porque hace un tiempo de mierda, el carnaval sería mi época favorita del año.

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viernes, 13 de febrero de 2026

Un carnaval esloveno

Suelo justificar mi reciente obsesión con la fotografía diciendo que es la forma que tiene mi cerebro de lidiar con la crisis de mediana edad. Los hay que en esta etapa de la vida optan por comprarse una moto o un coche, hacerse un pendiente o apuntarse a algún deporte/juego ridículo como el pádel; y a mí me ha dado por invertir mi tiempo y mis recursos en camaritas y objetivos mientras planeo dónde y a qué echarle fotos, mira tú.

Para ayudarme con dicha planificación, recurro a una segunda obsesión que creo que empezó a apoderarse de mi cerebro cuando descubrí el trabajo de la fotógrafa Cristina García Rodero y su libro España oculta me dejó con el culo torcido. Me estoy refiriendo al folclore y todas aquellas tradiciones que perduran a pesar del paso de los años y los cambios sociales (tradiciones, aclaro, que no conlleven maltrato animal. Llamadme especialito si queréis pero no me seduce el trogloditismo). Así, le echo horas a investigar en webs y libros acerca de celebraciones y festivales, y busco la forma de que mi cámara y yo nos podamos plantar en el pueblo de turno en el día de autos para volver luego a casa con un huevo de instantáneas que nunca me parecen lo bastante decentes.

Para muestra, el pasado treinta de noviembre me enteré de que a tan sólo un cruce de frontera de mi casa se celebra cada año un carnaval extraño como pocos, así que sugerí a mi novia y a una amiga de ambos que me acompañasen. Y ellas aceptaron.

Poder contar con gente que (al menos hasta cierto punto) comparte tu frikismo por algo es un privilegio, oye. Y el privilegio es aún mayor si encima tienen coche y así te ahorran tener que subirte a un tren que sale a las seis y media de la mañana.

Conforme se iba acercando el día me dediqué a buscar algo de información acerca de lo que íbamos a ver, pues el evento prometía. Y es que el carnaval o kurentovanje de Ptuj, en Eslovenia, es todo un festival de varios días de duración con decenas de actividades centradas en esta loca época del año. De entre todas ellas destaca el desfile etnográfico, de unas dos horas de duración durante las cuales diferentes personajes se pondrían a tiro del objetivo de mi Olympus.

Una vez llegó la mañana del ansiado evento, mi amiga nos recogió en la puerta de casa y nos pusimos en camino. Nuestra primera parada tuvo lugar en una de las sedes de la ÖAMTC (algo así como el RACE de Austria), cuya arquitectura y enorme logo en lo alto le dan, en mi opinión, un toque así como marveliano. Debido a este detalle suelo referirme a tal emplazamiento como "La sede de los Avengers":

fuente: pongratz
Alan Silvestri intensifies

El motivo que nos llevó a tan cinemático edificio fue el comprar la vinjeta, una etiqueta de peaje que nos iba a permitir recorrer las autopistas eslovenas de camino a nuestro destino. Que este detalle no tiene mucho que ver con el kurentovanje, pero lo menciono a modo denuncia, pues aunque nosotros sólo íbamos a pasar poco más de medio día en la ex república yugoslava, la opción vinjetera más barata era la de siete días.

Menudos piratas.

De todas formas, tras aparcar el coche e intentar entrar en una ÖAMTC sospechosamente oscura, nos dimos cuenta de que el local cierra los sábados, por lo que no nos quedó más remedio que hacer la adquisición a través de una web que desconozco porque del trámite se encargó mi novia mientras nuestra amiga conducía en dirección a la frontera austroeslovena y yo sujetaba el móvil con Google Maps abierto en él. Trabajo en equipo, ya veis.

El viaje se hizo corto, y poco más de una hora después de habernos puesto en camino ya estábamos en Ptuj compitiendo con otros vehículos por hacernos con una de las escasas plazas de aparcamiento disponibles en el lugar. Mientras buscábamos estacionamiento vislumbramos a los primeros personajes carnavalescos, y este hecho me provocó una curiosa emoción para la cual estoy convencido de que los usuarios de ese complicado puzle llamado idioma alemán tienen un vocablo. Me explico: ¿sabéis lo que se siente cuando una desgracia ajena os hace sentir bien porque sois unos miserables? Eso es Schadenfreude. ¿La alegría que os da saber que algo va a ocurrir, en plan noche de reyes o paquete de Amazon en camino? Vorfreude. Pues a mí, desde el asiento del copiloto, me estaba dando cosica de la buena ver en carne y hueso (más bien en pelaje, ahora os explico) a figuras que, durante semanas, sólo conocía por fotos o por haber fastforwardeado un par de vídeos de Youtube de anteriores ediciones del kurentovanje.

Finalmente logramos aparcar a las afueras, en un desnivel que me hizo temer que el coche de nuestra amiga fuese a volcar porque soy así de neurótico, y caminamos hacia el centro del pueblo. Nuestra ruta pedestre nos hizo atravesar el inicio del desfile, donde comenzaban a agruparse sus integrantes (a participar en esto viene gente de toda Eslovenia y otros países, que no sé si lo he dicho ya), y vernos entre tan peculiares caracteres nos hizo comentar, medio en serio medio en broma, que aquello parecía un sueño febril.

¡Ay, amigo! La que nos esperaba...

A pocos metros de la Plaza Mayor, un trozo de acera iluminado por un sol que no había hecho acto de presencia en diez días se encontraba sospechosamente libre de espectadores, y allí nos colocamos los tres como si fuésemos lagartos dispuestos a recuperar el bronceador tiempo perdido. Aunque aquella calle se encontraba vallada en toda su longitud, allí no pasaba nada y por allí no pasaba nadie; y el único indicio de que en Ptuj se estaba celebrando algo consistía en mensajes que se lanzaban por la lejana megafonía. Esta situación provocó que los tres comenzásemos a mosquearnos y a preguntarnos si en realidad se produciría el desfile cuando, desde lo lejos, llegó un estruendo que nos cerró la boca durante los siguientes cuarenta minutos.

Permitidme que os presente al kurent:

En su momento los definí como "totoros yugoslavos", y mi hermano se refirió al ellos cuando vio mis fotos como "furrys anarcoprimitivistas". Dejo en vuestra manos el decidir quién fue más gracioso

Esta bola de pelo de oveja, joya de la corona carnavalesca eslovena, es la encargada, año tras año desde sabe Dios cuándo, de alejar al invierno y atraer la prosperidad primaveral. Su terrorífica máscara exhibe una larga lengua, y en lo alto de su cabeza cintas de colores y plumas decoran sus cuernos:


En su bastón lleva atados pañuelos que la gente le ha ido ofreciendo, aunque decir "ofreciendo" puede no ser del todo correcto: uno de ellos le quiso robar a mi novia su bufanda, y otro exhibió con orgullo un sujetador a mi amiga haciéndole entender que quería ampliar esta colección a su costa. A mí no se me acercó ninguno a pedirme nada porque no tengo tetas y porque escondí mi palestino dentro del bolso en cuanto me di cuenta del percal. Lo que sí que hicieron varios fue amagar con darme algún topetazo mientras les fotografiaba.


Sí, a nivel visual los kurent son algo superlativo, pero a nivel sonoro no es que se queden cortos. Como he dicho hace unos pocos párrafos, su presencia resultó atronadora. Y es que su marcha incluía un mover de caderas que agitaba los cencerros de sus cinturas, creando así una sinfonía que llenaba la calle y no permitía oír ni los propios pensamientos:

Insisto, cientos de éstos desfilando ante nosotros durante cuarenta minutos

Entre los kurent, de vez en cuando se dejaba ver una figura vestida de rojo o negro, no menos impresionante, encargada de hacerles compañía: el diablo.


Este séquito dio paso a un igualmente ruidoso grupo de pokači: hombres y niños que anunciaban la llegada del carnaval haciendo restallar sus látigos, produciendo así un sonido similar al de petardos. 


¿Que qué petardos en concreto? Buena pregunta. Veamos... Estaban los de peseta, que venían en caja de cien y traían una mecha rapidísima. Pero esos no hacían tanto ruido. Quizá los de traca de veinte, que salían a duro el petardo y tenían estampado de estrellitas (ser capaz de desatar la traca sin joderlos para poder tirarlos individualmente era considerado poco menos que un superpoder entre los chiquillos de mi barrio). Que ahora que lo pienso, ésos también se vendían sueltos, con mecha verde retardada, pero este detalle no viene al caso. Luego había unos más grandes y caros, envueltos en papel de estraza, pero metían demasiado ruido en comparación con los látigos, creo yo.

Hablando de petardos grandes, recuerdo que una vez adquirí unos potentísimos, con mecha negra tiesa que tardaba un huevo en arder por motivos obvios, y fue haciendo uso de uno de ellos que protagonicé una anécdota que tengo pendiente contaros. A ver si saco tiempo un día y me pongo a ello.

¿Por dónde iba? Ah, sí. Que yo creo que el restallar hacía tanto ruido como los petardos de duro. Sí, definitivamente ésos.

Volvamos a Ptuj. 

La procesión continuó durante el resto de la mañana. Como la longitud de esta entrada se me está yendo de las manos y tengo cosas que hacer, permitidme que meta un poco de prisa a quienes aún tienen que aparecer por aquí. Empezando por los lanceros, o kopjas:


Originalmente se dedicaban a acompañar a las novias en el día de su boda y no tenían nada que ver con esto, pero se colaron en el carnaval de Ptuj en los sesenta y decidieron quedarse, bailando alegremente al son de la música interpretada por la banda que les acompaña:


Las vile (que podría traducirse como "hadas"), según tengo entendido, aparecieron allá por los años treinta, cuando el kurentovanje era un campo de nabos:


Su misión consiste desde entonces en cantar y bailar alrededor de la reina de todas ellas, que lleva una corona más larga pero que no logré atrapar con mi cámara. A ellas les siguieron los kurike y los piceki, vestidos también de blanco pero portando capirotes de cintas y cabalgando palos con cabezas de gallos de madera en su extremo. Recorrían la calle cacareando mientras arrojaban maíz y fingían que estos falsos gallos lo picoteaban (lo del sueño febril y tal):


Aparecieron entonces los oraci, o labradores. Algunos corrían en círculos representando la olvidada tradición de arar un ídem mágico en torno a la aldea para proteger la misma:


Aunque otros simplemente lucían sus elaborados y floridos sombreros, portando un arado decorado al uso y siendo escoltados por un kurent y un pokac (que no me entró en la foto) encargado de alejar al mal con el restallar de su látigo:


El desfile devino entonces en jolgorio, con el grupo de baba nosi deda o "viejas cargando con hombres" danzando al ritmo de los acordeones:


Jürek, que representa la primavera...


...y que debe enfrentarse (y finalmente vencer) al travieso demonio Rabolj. En esta ocasión había dos, haciendo el tonto de una forma hilarante:


De entre el resto de enmascarados y disfrazados personajes que desfilaron ante nosotros, voy a mencionar sólo a uno: los cigani.

Cigani significa "gitanos":


Recogían sin ningún pudor todos los estereotipos de este grupo con un desparpajo en el que la corrección política brillaba por su ausencia: jaraneros, pedigüeños y con las caras pintadas de sucio marrón alborotaban la calle entre canciones y risas. Hasta hacían burla de la promiscuidad romaní:

Sí. Le han puesto un cigarro en la boca al muñeco

Y yo creo que esta estampa final es buen remate para que os hagáis una idea de en qué consistió nuestra mañana. Tras abandonar el soleado lugar, y antes de dar por concluida la visita, comimos algo al tercer intento (el primer restaurante no contaba con más opciones vegetarianas que sopa y tarta, el segundo era un asiático sin mesas libres, y acabamos en una pizzería frente a nuestro desnivelado aparcamiento que sólo tenía sitio en el exterior, pero menos daba una piedra). También paramos en otro bar en el que hacía más frío que en la calle, pero tenían un gato viejito muy cariñoso.

Una vez nuestros buches se encontraron saciados de comida vegetariana y de la otra (y nuestras córneas de insólitas imágenes como las que habéis visto), recorrimos el camino de vuelta, satisfechos ante la curiosa experiencia pero con un ligero mosqueo al haber pagado seis días de vinjeta de más.

En realidad, lo de la vinjeta fue una pijada sin importancia. Pero es que yo necesitaba rematar la entrada de alguna manera y no se me ocurría nada mejor.

Bueno, quizá podría dejar esto en suspenso con un "continuará".  Pero para ello tendría que escribir un post entero sobre otro evento parecido que, mientras tecleo estas líneas, ni siquiera ha ocurrido. Así que ya veremos.

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lunes, 2 de febrero de 2026

Dulcecitos

Cuando faltaban un par de días para que muriese dos mil veinticuatro publiqué con prisas una entrada en la que describía otro ejemplo más que demuestra que mi vida a veces es un sketch de Pepe Viyuela.

Considerando que a estas alturas de década ChatGPT ya os ha convertido el cerebro en babas, intuyo que no os ha salido de en medio revisar la susodicha entrada que me he molestado en enlazar para nada, ¿verdad? Pero no os preocupéis, vagos, que ya me encargo yo de daros los dos puntos más destacables de la misma de cara a lo que os va a tocar leer ahora:

1 - En ocasiones voy a echar un ojo a Gata, la gata de una amiga que vive cerca de mi casa.

2 - Mi amiga, agradecida, siempre trae regalos (generalmente chocolate).

Resulta que durante el pasado año hubo que pasarse por los dominios de Gata alguna que otra vez al encontrarse mi amiga ausente. Durante una de dichas ausencias, mi amiga pasó unas semanas en su Chile natal, y como de costumbre se volvió a casa con muchos presentes que llevaban mi nombre y el de mi novia (quien también cuida de Gata, que no lo he dicho hasta ahora). Por ejemplo, me trajo un Principito en Mapuche:

Mi parte favorita es ésa en la que el zorro le dice al principito: "küme pengelay feymew piwke engü pengekey mütem. Fey ta chi falingechi dungu kimfalngenochi ta pu nge mu"

No quiero dar muchos detalles de por qué mi amiga ha acertado regalándome un ejemplar de El Principito en un idioma del que no habíais oído hablar hasta ahora porque me huelo entrada aparte al respecto. Sólo destacaré que hasta el envoltorio estaba curradísimo. Con pegatinas que he transferido a la solapa del libro y un sello que he recortado para usar de marcapáginas:


Y sí, también había chocolate en el regalado lote. Variado hasta el punto de que me da para hacer una degustación semanal que voy a compartir con vosotros enseguida y acompañado por una nota (la nota no la comparto, que eso lo considero correspondencia personal. No me seáis cotillas además de vagos) de lo más cuqui en la que mi amiga describía cada artículo. Aunque para cuquis, los nombres en diminutivo de varios de ellos. Seguro que para vosotros son tan desconocidos como el idioma mapuche, así que disfrutad de su descubrimiento menos que yo, porque vosotros no os los vais a comer y yo sí.

Lunes. Sapito


Un sapo de chocolate cuyo envoltorio evoca la piel de una vaca, ¿por qué no?. Me gusta:


Tiene un exterior suave, como el del churro ése que le clavan a los conos de helado 99p de las islas británicas que casi nunca comí porque en Irlanda siempre hacía un tiempo de mierda que me quitaba las ganas de helado.


El chocolate con leche tiene una presencia muy sutil porque el interior contiene bolitas de cereales que se llevan todo el protagonismo. Me paso todo el tiempo que dedico a comerme el sapito pensando que lo de las bolitas de cereales me recuerda a otro dulce que sabe igual y se siente igual, pero no logro recordar cuál es.

Eso sí, riquísimo el sapito.

Martes. Laguito


El alfajor de los Lagos del Sur en cuyo envoltorio se indica que está relleno con manjar de repostería y bañado con cobertura sabor chocolate:

Y no caduca. Vence

Al abrirlo, veo que el pobre se ha llevado una paliza. Y no le culpo. Tengamos en cuenta que esta chuchería ha volado desde Chile hasta mi casa, y yo suelo acabar peor cada vez que tengo que subirme a un avión.


Su estado físico no le impide resultar delicioso. Y como todo alfajor que he probado hasta la fecha, tiene una textura que le hace parecer un pariente lejano del phoskitos. No tengo muy claro si lo de "manjar de repostería" es en realidad dulce de leche, un sucedáneo del dulce de leche o algo totalmente distinto (en la lista de ingredientes, al dorso, aparecen entre paréntesis los componentes de dicho manjar, pero he dejado de leer al ver la palabra "carragenina" porque le tengo miedo a lo desconocido). Sin embargo, mi paladar simplón asume que es dulce de leche y lo disfruta muchísimo.

Aún no he terminado de saborear el laguito y sigo dando vueltas al sapito de ayer. ¿A qué me recuerda? Me vienen a la mente unos bombones de chocolate. Algunos tenían el envoltorio azul y otros rojo, pero mi cerebro no logra desenterrar más detalles de ese recuerdo...

Miércoles. Vizzio


No confundir con Vicio, la canción de Reincidentes. Que si todo sale según lo previsto, en unos meses volveré a mencionar dicho conjunto en una entrada que enlazaré aquí. Pero si las cosas se tuercen y no hay ningún enlace, olvidad lo que acabo de decir, por favor.

Volviendo al dulce, lo primero que pienso es que se rompió la racha de los diminutivos, lo siento. Pero me gusta la elegancia con la que el mismo se presenta, en su caja de cartón y todo:

"¡déjame uno!"

Tal y como se anuncia, el interior contiene 3 bolsas / 3 bags. Y así es. Para muestra, una de ellas / one of them:


Y finalmente, tras adentrarnos en esta capa de embalaje final, llegamos al tesoro: once almendras que llevan un disfraz de chocolate.


No puedo decir mucho porque un fruto seco chocolateado no tiene misterio, pero he de reconocer que la parte del chocolate tiene un sabor muy agradable que tarda en desaparecer. No sé si me explico. A ver, que yo no me dedico a comer cosas y luego ponerles nota de forma profesional, ¿sabéis? Además, llevo desde el lunes sin dejar de pensar en lo del bombón que sabe como el sapito. Porque era un bombón. De eso estoy seguro. Y yo creo que se vendía en bolsas, pero no recuerdo en qué comercios concretamente. Dios, esto me esta haciendo perder la cabeza.

Jueves. Trencito


Me encantan las esquelas del envoltorio. Volveré a ese tema en una entrada futura (o eso espero)

A ver cómo planteo yo esto... Vale que, tratándose de un producto de Nestlé, resulta contradictorio lo de ese nombre tan cuqui si nos paramos a analizar el historial que tiene dicha empresa, y ya sabéis que yo soy el primero dispuesto a meterse en política cuando hace falta. Y sí, lo de creerse moralmente superior al resto por boicotear a tal o cual producto está muy bien (aunque muchas veces el único que se beneficia de ello es el propio ego), pero ¿sabéis qué está mejor aún? Dejar todo eso a un ladito y celebrar el tener una amiga con la que poder intercambiar favores catsittingeros que encima se molesta en traerte chocolate desde el otro lado del mundo.

Además, juraría que tiempo ha, una de las veces que ella cuidó de nuestros gatos, le traje de España una Caja Roja, así que no soy nadie para tirar la primera piedra.

Hecha esta aclaración que no sé si realmente ha aclarado algo, diré que la tableta tiene la forma más curiosa que he visto hasta la fecha:


Y en cuanto al sabor... La sencillez de ser chocolate con leche y ya, sin adornos, hace que el paladar pase un buen rato al no tener que complicarse identificando sabores y texturas que quizá no deberían mezclarse con el cacao, como ocurre en otros casos (y no miro a nadie, sal marina de los huevos). Aprecio no tener que pensar mucho mientras doy cuenta del trencito porque así puedo darle vueltas al tema de los bombones. ¿Los vendían en el Lidl? Porque eran baratos y venían en bolsa grande, desde luego. Si es así, puedo comprobarlo mañana cuando vaya a hacer la compra. Pero yo creo que hace muchísimos años que los comí por última vez. ¿Y si eran de algún comercio que ya no existe, como el Plus Superdescuento? A ver qué hago en ese caso. En fin...

Viernes. Super 8


Se acabaron los nombres cuquis.


Como ya di la turra lo suficiente con el asunto de Nestlé en el apartado del trencito, paso directamente a enseñaros qué pinta tiene el Super 8 una vez desenvuelto:


Como podéis ver, es una oblea bañada con chocolate. Que no sé a vosotros, pero a mí el cuerpo me pide prepararme un café para que le haga compañía. El problema es que, con mi bocaza de tragaldabas, el super 8 desaparece en un bocado. Y entonces, ¿qué hago, si todavía no me he terminado el café?

Pues comerme otro super 8, por supuesto. Y quizá otro más. Y, ¿por qué no? Otro más. Y creo que por el bien de mis arterias, mejor doy por terminada la entrada aquí. Si os habéis quedado con ganas de más, dadme dulces que ya me encargaré yo de escribir al respecto mientras me los jalo.

Y no, los bombones de mis recuerdos no están a la venta en el Lidl, que lo acabo de comprobar.

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