Tras una noche reparadora que se llevó el cansancio acumulado fruto de un largo viaje y la frenética primera estancia en Buenos Aires que os describí la semana pasada, llegó la mañana de mi segundo día en Argentina. Lo primero que hice tras salir de la cama fue realizar un primer acercamiento al mate, algo de lo que no voy a dar más detalles aquí porque me lo guardo para otra entrada. Lo segundo que hice fue comer facturas, e intuyo que más de uno torcerá el gesto con incredulidad al haber leído algo así.
Permitidme que me explique: las facturas son lo que en España podríamos llamar bollería. Esta comparación hay que cogerla con pinzas, pues la variedad es ligeramente diferente a las napolitanas de chocolate o crema, las ensaimadas, los ochos (o lazos, según dónde los pidas) y las bambas, entre otros, a los que estamos acostumbrados a este lado del Atlántico.
No estoy al tanto de los nombres específicos que recibe cada factura, pero me da igual. Lo que importa de cara a la historia es, por un lado, que las facturas están riquísimas y, por otro, el detalle que los padres de Lucre tuvieron conmigo, sabedores de que yo ya había oído hablar de este elemento de repostería antes del viaje y me picaba la curiosidad. Y es que me hicieron entrega de varias facturas, apiladas en forma de pirámide y con una vela en todo lo alto, creando así una "tarta de facturas" (bueno, en realidad en Argentina una tarta es una torta, pero creo que bastante estoy complicando todo ya) con la que me felicitaron por mi trigésimo noveno cumpleaños.
Me hice entonces una pregunta que suelo formularme cuando me pasan cosas buenas e inesperadas y que suele responderse con un "no, ni de coña": "¿habrías pensado hace cinco años que celebrarías tu cumpleaños en Argentina comiendo facturas como si las fueran a prohibir?".
Ya que estamos en modo interrogativo, os hago una pregunta yo a vosotros: ¿pensáis que el día podría mejorar aún más? Aunque me imagino cuál será vuestra respuesta cuando sepáis dónde pasé el resto de la mañana: metido en un submarino.
Y no, aquí no tengo que dar explicaciones porque no estamos ante otra situación polisémica. Me estoy refiriendo a lo que la RAE define como una "nave capaz de sumergirse y desplazarse bajo la superficie del agua". Tampoco voy a dar detalles, ni a enseñaros fotos. A pesar de que recibí una explicación completísima de cada compartimento y elemento del sumergible, mi ajada memoria no guarda detalles de ello. Además, se me indicó amablemente que no tenía permiso para sacar la cámara a paseo estando dentro de aquel habitáculo.
Para compensar, os pongo a continuación una foto de los lobos marinos que había en la zona y a los que pude acercarme:
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| Todo en un día. Si es que tengo más suerte que nadie |
Y ¿cómo relleno yo ahora el resto de la entrada? Pues ya que ha salido el tema del submarino, y haciendo gala de los volantazos que me gusta dar en este blog, voy a hablar de diez películas relacionadas con el tema que he visto recientemente.
No, no es broma.
K-19: The Widowmaker (2002)
A la directora Kathryn Bigelow tengo que reconocerle que, tal y como experimenté al ver las también suyas The hurt locker y A house of dynamite, sabe ponerme tenso como pocas. La de K-19 es una peli entretenida en la que un submarino nuclear soviético se empieza a romper. Y aunque se supone que está basada en hechos reales, al final acaba siendo una americanada de las de "la Unión Soviética es caca y los Estados Unidos son lo mejor". Además, me pasé gran parte de la película pensando "ese actor que parece el hermano pobre de Colin Firth con resaca me suena de algo y no sé de qué".
Por cierto, Harrison Ford, su protagonista, pone esta peli a caer de un burro durante una aparición hilarante en el programa de Conan O'Brian porque el título de la misma le parece estúpido y no entiende por qué le eligieron a él para interpretar a un ruso.
Y el actor es Peter Sarsgaard, que salía en Dopesick (que si no la habéis visto, tenéis que verla YA). De eso me sonaba.
Crimson tide (1995)
Esp/Arg: Marea roja
La película está ambientada en esa loca época tras el fin de la URSS en la que no estaba muy claro de qué lado iba a caer el gigante soviético. La tripulación del USS Alabama debe patrullar el Pacífico y se pone en alerta porque un grupo de rebeldes chechenos (recuerdo crecer en los noventa escuchando en televisión a menudo la palabra "Chechenia" sin saber muy bien dónde caía exactamente) han tomado una base nuclear con misiles cuyo alcance llega hasta Yankilandia. Y por culpa de un mensaje que les llega a medias, los integrantes del mando a bordo se pasan media peli a hostias porque no se ponen de acuerdo acerca de si unirse a la fiesta lanzando los suyos o no.
Si uno está dispuesto a tragarse patriotismo americano a cucharadas, se acaba divirtiendo. Como curiosidad, me dio por buscar en Reddit comentarios acerca de esta peli y por lo visto está llena de incorrecciones y fallos.
No, si ya me parecía a mí raro que se pudiese tener una pecera a bordo de un submarino...
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| fuente: imdb |
Down periscope (1996)
Esp: Abajo el Periscopio
Arg: Locos a bordo
Comedia de los noventa con gags de los noventa. Aunque muchos de dichos gags no hayan envejecido bien del todo (lo cual también se podría decir de algún actor en particular que sale en la cinta), en general es una película bastante entretenida y me ha sacado unas cuantas carcajadas. Y a diferencia de otras en esta lista, apenas cuenta con patriotismo yanki exacerbado.
Como curiosidad, esta peli se reprodujo en el autocar que llevó a mi equipo de atletismo a no recuerdo qué carrera. A mi equipo de atletismo DEL OPUS DEI, he de aclarar, pues uno de los chascarrillos recurrentes en la historia gira en torno al hecho de que el prota tiene un tatuaje en el pene que se hizo estando borracho. Y más de un capillitas puso el grito en el cielo porque le parecía intolerable que los y las jóvenes de aquel club nos expusiéramos a contenido quasipornográfico como aquél.
Kursk (2018)
Esp: Sumergidos: Una historia verdadera
Arg: Atrapados: Una historia verdadera
Dramatización del episodio ocurrido en el año dos mil, cuando la sala de torpedos del submarino que da nombre a la peli se convirtió en chocapic y mandó el bicho al fondo del mar de Barents, provocando que los pocos supervivientes agonizasen en su interior esperando un rescate. Rescate, por cierto, que nunca llegaría a producirse debido a que por aquel entonces la marina rusa se encontraba en horas bajísimas. Y todo esto, mientras el recién elegido presidente Vladimir Putin estaba de vacaciones (que esto no sale en la película).
A pesar de que el final de la historia es conocido (yo recuerdo haber seguido esto por la tele), la trama juega con las esperanzas de los espectadores, pues en varias ocasiones parece que todo va a ir bien, y al final todo acaba yendo peor. Y aunque haya alguna escena que podría haber salido de la mente de un guionista especialmente flipado, la realidad de lo que pasó aquellos días en este caso supera a la ficción.
The hunt for Red October (1990)
Esp/Arg: La caza del Octubre Rojo
Ésta no se basa en hechos reales, sino en un libro de Tom Clancy. A Clancy no le ganaba nadie en eso de fliparse con historias de temática militar, y para muestra este botón protagonizado por el capitán de un submarino soviético diseñado para mandar a los EE UU (y, colateralmente, al resto del mundo) a la Edad de Piedra. Menos mal que dicho capitán es bueno y se monta un plan para desertar y entregarle el sumergible a los yankis. Porque creo que ya ha quedado claro en lo que llevamos de entrada que Dios puso a Estados Unidos en el planeta para salvarnos a todos.
Nótese la ironía.
La peli está bien, con momentos de tensión y tal, pero tengo que reconocer que cierto punto en el que se complicó la trama coincidió con que se me cerrasen un pelín los ojos (que ya tengo una edad, tal y como he indicado al principio de la entrada), así que igual no disfruté de la historia todo lo que habría podido.
U-571 (2000)
Arg: La Batalla del Atlántico
Enésima película que busca vender lo buenos que son los EE UU y lo aún más buenos que fueron durante la II Guerra Mundial. En este caso, contando una historia en la que la tripulación yanki busca capturar un submarino nazi para robarles la Enigma y sus claves secretas. Que vale que eso ocurrió más de una vez durante el conflicto, pero fueron los British los que se mojaban el culo buscando esta clase de peces.
Si os soy sincero, el motivo por el que decidí ver esta película fue que entre su reparto aparece Bon Jovi (sí, ese Bon Jovi) y me picaba la curiosidad.
The Ghazi attack (2017)
Buscando cambiar un poquito de escenario que no tirase de II Guerra Mundial o Guerra Fría, di con esta cinta de producción India sobre un episodio correspondiente al conflicto que el país asiático lleva manteniendo con su vecino Pakistán desde hace ya varias generaciones. En concreto, el intento por parte de un submarino indio de hundir un ídem pakistaní que se les ha metido hasta la cocina.
Ni vosotros ni yo sabemos una mierda de dicho conflicto, así que ambos países, en vez de las dos poderosas naciones con armas nucleares que son, podrían ser aquí planetas del universo Star Wars, y estoy seguro de que esta peli os habría dejado igual que me dejó a mí.
Que vale que se nota quién la ha hecho y cómo representa a ambos bandos: los indios son los héroes que, spoiler alert, arriesgan todo por incluso salvar a civiles en pleno naufragio, y los pakistaníes son monstruos horribles con cara de cabreo permanente que sólo quieren ver arder el Golfo de Bengala.
La situación, como pasa siempre en esta clase de episodios, es más compleja. Pero esto es cine, no periodismo serio (o periodismo de broma) del de hacer análisis geopolítico. Así que sigamos con la lista.
Manatsu no Orion (2009)
De ésta no he encontrado información acerca de si fue distribuida en Argentina o en España (el título en inglés, traducido, vendría a ser algo así como Batalla bajo Orión o Últimas operaciones bajo Orión). De hecho, encontrarla en sí me ha costado un huevo. No sólo no está en ninguna plataforma de streaming, sino que mi barco pirata (ejem, ejem) ha tenido que navegar por las turbulentas aguas de páginas web en ruso y torrents de dudoso contenido para poder dar con ella. Y la única copia que he conseguido tenía el archivo dividido en CD1 y CD2. Así que imaginad el rato que tuve que echar.
Pero es que quería ver una peli de la II Guerra Mundial contada por el otro bando. Y en este caso, el sumergible protagonista pertenece al bando japonés, que tiene que resistir los ataques de un destructor yanki en las costas de Okinawa.
En cuanto a los detalles de la historia, y exceptuando que la línea temporal pega un par de saltos entre los años cuarenta y el presente para darle más chicha al argumento, pues... Nada que no hayamos visto en todas las anteriores: que si los de arriba arrojando cargas de profundidad, que si un rato de todo el mundo en silencio para no ser detectados, que si inmersión a más profundidad de la que permite el trasto con tuberías que revientan a causa de ello... Lo único que tiene esta cinta de particular (aparte de algunos planos cuya calidad hacen que parezca que fue grabada para ser emitida directamente en televisión) es la presencia de los kaiten: torpedos kamikaze que los japoneses más idos de la olla pilotaban contra las naves enemigas en un desesperado viaje de sólo ida.
Yellow Submarine (1968)
No me miréis así. He dicho "películas de submarinos" y ésta lo es.
Café para los muy cafeteros, esta cinta de dibujos protagonizada por una versión animada de los Beatles comienza con el ataque a Pepperland. Buscando acabar con su población, su cultura y su forma de vida, el ejército de los terribles Blue Meanies, o "Malvados Azules" arrasa todo lo que hay en pie y deja la zona convertida en un desolado erial blue (porque blue significa tanto "azul" como "triste" en inglés).
Que yo, mientras veía esta primera escena, no podía dejar de pensar: "qué casualidad, oye. Azul, como la bandera de Israel".
Uno de los habitantes logra escapar de la masacre en un submarino amarillo, y se dirige a Liverpool, donde pide a los fab four que le ayuden a echar a las fuerzas de ocupación. Así, convertidos en tripulación del colorido sumergible, los miembros del conjunto inglés recorren varios mares antes de llegar a Pepperland y darle a los soldados del IDF Blue Meanies la patada en el culo que se merecen en un viaje lleno de animaciones lisérgicas, juegos de palabras, videoclips y referencias a letras de algunas de sus canciones.
Ya os he dicho que es café para los muy cafeteros.
Das Boot (1981)
Esp: El submarino
Arg: El barco
Evidentemente, tenía que dejar para el final LA película sobre submarinos. Ambientada en mil novecientos cuarenta y uno, sus tres horas y media de duración se hacen cortas mientras la trama sigue la odisea a la que debe enfrentarse la tripulación de un sumergible alemán.
De todas las obras aquí recogidas, Das Boot ilustra como ninguna las difíciles condiciones a bordo de estos trastos, así como la angustia y la tensión que los marineros experimentan allá abajo mientras otros marineros allá arriba intentan que terminen de irse al fondo para siempre.
Los personajes llevan a cabo una interpretación brutal, y tras media película viendo cómo les van creciendo las barbas mientras padecen estrecheces y corren peligros, comparten fotos de sus novias y familiares o acuden al médico de a bordo para que se haga cargo de sus enfermedades venéreas, uno se olvida de que pertenecen al bando que pertenecen y, al igual que Pablo Motos en El Hormiguero, acaba empatizando con los putos nazis.
Por cierto, yo tenía pensado ver Das Boot libreta en mano y tomar nota de todas las veces que alguien decía "verdammt" (maldición), uno de mis vocablos favoritos del alemán. Sin embargo, tiré la toalla al poco de empezar porque aún no cuento con el nivel adecuado para entender cada palabra de este demoníaco idioma.
Y hasta aquí la sesión cinematográfica. Habéis venido pensando que os daría detalles sobre mi estancia en Argentina y os vais sin ellos y empachados de celuloide, pero a estas alturas ya deberíais saber que así es mi blog. De todas formas, intentaré compensar esta falta de contenido gaucho la semana que viene.


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